jueves 8 de mayo de 2008

Héctor Incháustegui Cabral

EQUIVOCACION DE LOS ANGELES

Eran ángeles fuertes,
con las manos curtidas
y dientes de caballo
detrás de la sonrisa.

Colgaron el Mal en una rama,
y la tierra tirando,
y la cuerda tirando,
hicieron del mundo una sinfonía.

Eran ángeles fuertes,
abiertos los dedos de los pies,
simples como el agua,
rudos como el hierro.

Potente músculos en el ala,
la frente despejada,
las manos, de ajusticiar,
sin resignación encallecidas.

Eran dos iguales, quizás
como si un limpio espejo
entre ellos siempre retratara,
eran dos y un pensamiento,
dos gemelas llamas amarillas,
una sola luz

En donde tierra por morir se acaba
detuvieron su paso poderoso;
paro su canto la avecilla,
expiraron los aires y perfumes.


B i o g r a f ía
Don Héctor Incháustegui Cabral nació en Baní el 25 de julio de 1912 y fallece en la ciudad de Santo Domingo el 5 de septiembre de 1979, a la edad de 67 años. Fueron sus padres Don Joaquín Santiago Incháustegui Andujar, periodista, autor de una Reseña Histórica de Baní, su madre Doña Marina Cabral. Casó con la Srta. Candita Salvador, con la que procreó tres hijos, le sobreviven sus hijos, doctores Sergio Rafael, Héctor Joaquín y Marino.

Don Héctor, poeta, profesor universitario, ensayista, periodista y animador cultural. Se graduó de bachiller en la Escuela Normal de Varones en Santo Domingo. Desde muy joven tuvo inclinación por la literatura y la poesía, motivos que lo llevó a estudiar la carrera de Filosofía y Letras en la Universidad de Santo Domingo.

Además de escritor desempeñó numerosos cargos, tales como: Jefe de Redacción y Editorialista del Periódico Listín Diario y del Periódico La Nación, Director del Diario La Opinión, Director de Bellas Artes y Cultos, Subsecretario de Relaciones Exteriores, Director de Radio Caribe, Director de Radio Televisión Dominicana, Presidente de la Corporación de Fomento Industrial; Encargado de Negocios de la Embajada en La Habana, Cuba, Embajador en México, Venezuela, El Salvador, Ecuador y Brasil. Fue Profesor Emérito y Escritor Residente de la Universidad Católica Madre y Maestra en Santiago de los Caballeros.

Recibió honores y menciones entre los que se encuentran : Miembro Correspondiente de la Real Academia de la Lengua, Doctor Honoris Causa de la Universidad Católica Madre y Maestra, Premio Nacional de Poesía Pedro Henríquez Ureña (1952).

Como escritor dejó una voluminosa e importante producción poética de orientación social y política. También cultivó con notable éxito el ensayo y la crítica literaria, considerándosele uno de los grandes representantes de la Poesía Sorprendida”, ha sido traducida al italiano, catalán, francés, inglés y alemán. En 1979 la Sociedad de Escritores Dominicanos le otorgó el prestigioso premio Canoabo de Oro. También se distinguió por su generosidad, su sensibilidad poética, los servicios que brindó a la Patria como diplomático y funcionario.

Don Manuel del Cabral, compañero de generación de don Héctor, dice: “Héctor Incháustegui Cabral es uno de los representantes de la gran poesía dominicana contemporánea. Su obra extensa e intensa basta para quedarse en la historia de la literatura de nuestro país como uno de los hitos del pensamiento dominicano”. Héctor, además de alto lírico, era un prosista de grandes aciertos expresivos, humanos y especialmente de penetrante aguja psicológica, a la que siempre acompañaba de una sedosa y mágica ironía que le daba un prestigio especial a su personalismo talento”.

Don Héctor fue Secretario del Presidente Antonio Guzmán Fernández, desde los días de su elección y posteriormente se le designó como Secretario de Estado sin Cartera. Fue escritor residente y asesor del Rector de la Universidad Católica Madre y Maestra, donde trabajó por doce años, primero como profesor y luego como Vicerrector, Encargado del Departamento de Publicaciones y de la Revista EME-EME, Estudios Dominicanos.

Publicó una serie de obras en verso, teatro, ensayos y crítica. Su obra poética completa (1940-1976) apareció bajo el título de su primer libro de versos “Poemas de una sola angustia”.

Fue miembro correspondiente de la Academia Española de la Lengua, del Ateneo de México y del Ateneo de Bellas Artes de Río de Janeiro. Poco antes de su muerte fue hecho miembro de la Legión de Honor de México. El año anterior a su muerte fue reelecto para ocupar uno de los cinco puestos del Consejo Interamericano de Cultura de la Organización de los Estados Americanos y su miembro más antiguo.

Fue Secretario de Don Federico Henríquez y Carvajal y del Lic. Manuel de Jesús Troncoso de la Concha, cuando estos fueran rectores de la Universidad de Santo Domingo, también del Lic. Manuel Arturo Peña Batlle, cuando ocupó la presidencia de la Cámara de Diputados y del Dr. Donald Read Cabral, cuando presidió el Triunvirato.

El Presidente de Venezuela, Dr. Raúl Leoni, en junio de 1966, lo designó para trabajar junto a él en el Palacio de Miraflores, don Héctor no llegó a aceptar el cargo, porque prefirió aceptar la posición que le ofreció la Universidad Católica Madre y Maestra.

martes 29 de abril de 2008

Aurora Arias

Aurora Arias, nació en Santo Domingo en 1962. Estudió arte y psicología. Ejerce también el periodismo, siendo co-editora de Quehaceres, órgano del Centro de Investigación para la Acción Femenina (CIPAF). En poesía ha publicado Vivienda de pájaros (1986) y Piano Lila (1994). Es también narradora. En 1994 obtuvo el premio de Cuento de Casa de Teatro por Invy's Paradise. La Editorial de la Universidad de Puerto Rico publicó su colección de relatos Fin de mundo (2000).




VIVIENDA DE PÁJAROS


Oh
Yo la hallada en el desierto
luminosa e inédita
domada
bendigo esta jaula
de los pies a la cabeza
del techo a la última raíz
y la proclamo
almacén de todas mis alas
prisión de un pájaro íntimo
y asombroso.





CORAZONES MUERTOS


Llevo un ataúd precioso
clavado en los pulmones
un bosque de salitre.

¡Ronda la muerte de la luz
en su cama dorada!
Ronda la luna transparente
en el lado oeste.

Llevo al mar naufragando
en mis ojos.

Un destino de huellas
nos espera a los dos.

El mar lo enfrenta.

Mi corazón como una brújula loca
se adentra oscuro
hasta este ataúd precioso.

Rondan corazones muertos
en la arena.



LA MUJER QUE SOY YO


Por ahí debe andar
la mujer que soy yo

La mujer que me tiene escondida
el silencio

Por ahí debe ser
La mujer de mí misma
en la que no he vivido

Por ahí debe verme de mirarse

La que me nació al nacer
la simple
la forma verdadera del retorno
Por ahí debe andar
donde el cuerpo no sabe aún
que existo



ANUNCIACIÓN


Yo
mujer de dos mitades
monstruo de juguete
encarnada
descarnada
y reencarnado en el vacío
no deseo otra cosa mas que
ascender
al lomo de tu desesperación
de tu tierno y amoroso instinto animal
y allí
con voz orgásmica
u ovular
gritarle a la piel nuestro deseo
concluido a destiempo
y allí
volver a amarte con la misma
exactitud de siempre.



NIDO DE PÁJAROS


Misioneros
luminosos nuestros órganos sexuales
perfectos como nido de pájaro
carnívoros, inimitables.

Los órganos de las vírgenes
donde caben todos los sueños
los órganos de miel de las prostitutas
donde caben todos los hombres

Los órganos de las señoras donde cabe
un hombre y se invocan miles

Los órganos de polvorientos de las muertas
donde suspiran los gusanos

Los órganos de la mujer grávida
en plena erudición creadora.

El mundo creado a través de un círculo.



YO, ÍCARO


Desde aquí escapo al aire
oloroso a cemento
o a las cuerdas de alumbrado

Retiro mi libertad
de entre la abominable máquina
de zurcir alas y palabras.
La máquina del sí
y del no

Escapo al viento que baila
sobre las antenas aleteando sus
vértebras de acero

Huyo hacia el más simple átomo
que vive en los niveles de la brisa
Las paredes caen como bloques
de nubes
Me desplazo contemplándolos
a todos







Tú retenido en mis ojos como
un paisaje hermoso
Tú guardado en la mansedumbre
de mis alas
Tú como único dios en los ritos
de mi sexo
Tú diciendo en el amor el
último suspiro
Tú febril en el fondo de mi piel
Tú acuático corriendo por mis
venas
Tú hermoso, abstraído, terrenal
Tú hombre, animal, vegetal, pieza
Tú en todas partes, sobre todas
las cosas.




RUMBO DE TINTERO


Tarde que hunde su paisaje creciente.
Resuelve andar la esencia. Resuelve dar su olor al
aguacero. Ya no me quedan barajas en mangas de
camisa. Dicto el momento, lo aligero, doy otra
boya a la tristeza. No me busquen más en aquel sitio.
No estoy tampoco en ningún otro. De sábanas y dudas
muere mi testamento. Lleno de sombreros rutilantes.
En tanto, techo la vieja casa de lunas y papeles.
Soy mi propio margen de felicidad. Ropero, cacerola,
noviembre delgadea. Rumbo de tintero para el nuevo
status de mi vientre.

domingo 6 de abril de 2008

Manuel Del Cabral



Manuel Del Cabral, poeta, escritor y novelista nacido en Santo Domingo, República Dominicana en 1907. Es la figura más importante en la lírica moderna de su país y la que justamente ha logrado una mayor proyección continental. Fue denominado junto a Nicolás Guillén como uno de los más fieles representantes de la poesía negra, convirtiéndose en un permanente defensor de los derechos de su pueblo. Siendo todavía adolescente se radicó en los Estados Unidos, y luego recorrió diversos países sirviendo en el cuerpo diplomático, para radicarse por muchos años en Argentina reconocida por él como su segunda patria. Su vasta obra abarca varios géneros de la poesía, sobresaliendo especialmente sus «Doce Poemas Negros», «Compadre Mon» y «Trópico Negro».
Recibió el Premio Nacional de Literatura en 1992.
Falleció en Santo Domingo en 1999.


EL HUÉSPED DE LOS PÁJAROS

Yo sé bien que se hiere cuando silva.
Comprendo que la tarde la va haciendo su canto.
Me sé bien de memoria que su garganta pone
más azul en los charcos que pisan los boyeros; y pone
unas tierras extrañas en las bárbaras guitarras
de los pinos.

Comprendo que en el cutis del mar escribe cartas
que sólo leen durmiendo los marinos;
comprendo que su pico
empuja a la mañana como el río sus rizos, la lleva
con el calor de un viento hasta los hombres. Comprendo
que sólo cuando él mueve las palabras, las cosas
van cayendo en la tierra con la novedosa inutilidad
que tiene siempre el árbol para dejar caer
sus profundos frutos, inevitables de ser un poco Dios.
Sin embargo, si no lo viera, si no lo tocara,
me sería difícil comprender su presencia.
No siempre
baja a tierra, pero siempre
bebe en el ojo suelto de un rocío.


HUÉSPED DESENTERRADO

Toda la noche
la cotorra del brujo picoteando el silencio.
Toda la noche
estuvieron los hombres bregando con trozos de tinieblas.
Toda la noche
el farol casi humanos con su poco de día,
matando la mirada dulce-azul del cocuyo.
Y nada.
El sepultado ni siquiera hedía.
Todo aire de muerto lo mataban las flores.
¿Es que se hundió como si fuera en agua?
Ayer, precisamente, se le vio en la bodega,
luchando entre penumbra con unos diosecillos
que saltaban sin tregua
desde el tonel del vino hasta la copa,
y corrían,
corrían,
como un grupo caliente de cosquillas
por su cuerpo varón y su neblina.
Toda la noche
estuvieron los hombres cucuteando,
registrando la tierra.
Sin embargo, mi perro está ladrando,
hoy a las siete de la mañana
mi perro está ladrando,
ladra junto a una mano que parece de náufrago fijo.
¡Creció el cadáver
igual que un árbol para dar su fruto!


HUÉSPED SÚBITO

Ahora estás aquí.
¿Pero puedes estar?
Tú dices que te llamas... Pero no, no te llamas...
Desde que tengas nombre comienzo a no respirarte,
a confirmar que no existes,
y es probable que desde entonces no te nombre,
porque cualquier detalle, una línea, una curva,
es material de fuga;
porque cada palabra es un poco de forma,
un poco de tu muerte.
Tu puro ser se muere de presente.
Se muere hacia el contorno.
Se muere hacia la vida.


LA CARGA

Mi cuerpo estaba allí... nadie lo usaba.
Yo lo puse a sufrir... le metí un hombre.
Pero este equino triste de materia
si tiene hambre me relincha versos,
si sueña, me patea el horizonte;
lo pongo a discutir y suelta bosques,
sólo a mí se parece cuando besa...
No sé qué hacer con este cuerpo mío,
alguien me lo alquiló, yo no sé cuándo...
Me lo dieron desnudo, limpio, manso,
era inocente cuando me lo puse,
pero a ratos,
la razón me lo ensucia y lo adorable...
Yo quiero devolverlo como me lo entregaron;
sin embargo,
yo sé que es tiempo lo que a mí me dieron.


ELLOS

Ellos no tienen lecho,
pero sus manos
son las que hicieron nuestras casas.

Ellos comen cuando pueden
pero por ellos comemos cuando queremos.

Ellos
son zapateros pero están descalzos.

Ellos nos visten pero están desnudos.

Ellos
son los dueños del aire cuando manejan alas,
mas son los limosneros del aire de la tierra.

Ellos no hablan,
tienen palabras vírgenes... Hacen nuevo lo viejo...

La mañana lo sabe y los espera...


LA MANO DE ONÁN SE QUEJA

Yo soy el sexo de los condenados.
No el juguete de alcoba que economiza vida.
Yo soy la amante de los que no amaron.
Yo soy la esposa de los miserables.
Soy el minuto antes del suicida.
Sola de amor, mas nunca solitaria,
limitada de piel, saco raíces...
Se me llenan de ángeles los dedos,
se me llenan de sexos no tocados.
Me parezco al silencio de los héroes.
No trabajo con carne solamente...
Va más allá de digital mi oficio.
En mi labor hay un obrero alto...
Un Quijote se ahoga entre mis dedos,
una novia también que no se tuvo.
Yo apenas soy violenta intermediaria,
porque también hay verso en mis temblores,
sonrisas que se cuajan en mi tacto,
misas que se derriten sin iglesias,
discursos fracasados que resbalan,
besos que bajan desde el cráneo a un dedo,
toda la tierra suave en un instante.
Es mi carne que huye de mi carne;
horizontes que saco de una gota,
una gota que junta
todos los ríos en mi piel, borrachos;
un goterón que trae
todas las aguas de un ciclón oculto,
todas las venas que prisión dejaron
y suben con un viento de licores
a mojarse de abismo en cada uña,
a sacarme la vida de mi muerte.


EL MUEBLE

Por escupir secretos en tu vientre,
por el notario
que juntó nuestros besos con un lápiz,
por los paisajes que quedaron presos
en nuestra almohada a trinos desplumados,
por la pantera aún que hay en un dedo,
por tu lengua
que de pronto desprecia superficies,
por las vueltas al mundo sin orillas
en tu ola con náufragos: tu vientre;
y por el lujo que se dan tus senos
de que los limpie un perro que te lame,
un ángel que te ladra si te vistes,
cuatro patas que piensan cuando celan;
todo esto me cuesta solamente tu cuerpo,
un volumen insólito de sueldos regateados,
un ponerme a coser silencios rotos,
un ponerme por dentro detectives,
cuidarme en las esquinas de tu origen,
remendar mi heroísmo de fonógrafo antiguo
todo el año lavando mis bolsillos ingenuos
atrasando el reloj de mi sonrisa,
haciendo blanco el día cuando llega visita,
poniéndole gramática a tus ruidos
poniendo en orden
el manicomio cuerdo de tu sexo;
déjame ahora
que le junte mis dudas a la escoba,
quiero quedarme limpio como un plato de pobre;
tú,
que llenaste mi sangre de caballos,
tú,
que si te miro me relincha el ojo,
dobla tu instinto como en una esquina
y hablemos allí solos,
sin el uso,
sin el ruido
del alquilado mueble de tu cuerpo.


LETRA

Letra:
esqueleto de mi grito,
pongo mi corazón sobre tu muerte,
pongo mis más secretas cualidades de pétalo,
pongo
la novia que he guardado entre el aire y mi cuerpo,
mi enfermedad de ángel con cuchillo,
mi caballero ausente cuando muerdo manzanas,
y el niño que hay en mí, el niño
que sale en cierto día, el día
en que la mano casi no trabaja,
el día en que sencillos
mis pies pisan los duendes que están en el rocío
haciendo el oro joven del domingo.

Todo lo pongo en ti,
y tú siempre lo mismo:
estatua de mis vientos,
ataúd de presencias invisibles,
letra inútil.

Todo,
todo lo pongo en ti, sobre tu muerte.

La letra no me entiende.

Sin embargo...


© Manuel Del Cabral

sábado 5 de abril de 2008

Víctor Bidó

Víctor Bidó
(Santo Domingo, 23 de Mayo de 1959)
Libros Publicados: Cuaderno de Condenado (Biblioteca Nacional, Colección Orfeo,1986), Poemas de la Tortuga (1994), Suma Presencia (2000)





EPILOGO DEL RUGIENTE


¿Hay modo alguno de ventilar
esos graves designios?
La escritura puede ir más cerca,
un poco más a seguir días,
mirando la torcida calle
por donde las gentes guardan
sus envidias y discordias;
verlos sonreír fofamente,
anhelando ocultar su propia oscuridad.
¿Qué será del viejo rugiente?
Ese viejo ser de mínimas hierbas,
atolondrado,
hilachándose por alcanzar
dos calles al sol;
confiando que en sí se abrirá el abanico,
se morderá el impúdico labio
de una extraña.
No opina sino descarga,
grita anidándose en su imaginación.
Dejando pasar lo que nunca
se atrevería a repetir.
Camina por la calle agujereada de luz
apretando el paso cuando el miedo
corta su paz.
Sigue así como un carbunclo,
como un animal precioso que nadie toca,
que muchos han herido,
batallador de una sola guerra,
el mismo en las múltiples edades,
en la misma cárcel del sueño
su espada,
el verbo que se olvida,
fugaz como un blasón
que está enterrado
bebiéndose el agua.
Va el rugiente cancelando
su voz por sostener un castillo de cielo,
un perfecto ademán,
un amigo
como una cabellera amarilla en la cartera.

Ruges y no te oyes,
saltas y eres inmóvil.
Milagros esfumándose
en el designio verdeante ventana.
Gracias y desengaño
viene
y un carajo
es un justo prendedor
en la noche que nadie
le importa mitigar.


El Mundo Salvado

El mundo estalla a mi antojo
frente al papel que aniquilo de tanto amarlo,
en estalactitas fibrosas
marcas los largos galopes de este lápiz!
La mancha, como ornamento insulso y moroso,
me descubre un arroyo de rayos
en la pendiente de una mujer.

En su valle pavoroso de nubes sagradas
tiendo el cuerpo como acariciados aerolitos
que me dan penas y locuras hambrientas.

Si mundo eres, sobre ti cabalgaré hasta la inocencia;
será un triunfo sobre tu descuido.

Arrojaré la carne de mi porvenir
en el paño sudoroso de la sombra que construyes.

Mi lecho carga cañones del ansia
en cada cuerda que el mundo brinda.
El mundo no estalla porque tú lo salvas
de la garras que yo he armado;
eres mi cárcel y mi victoria
en el llanto de este lápiz.



{Del libro Cuaderno de Condenado}




Elegía de la madre que se va


El hueco llama desde el rondo
y mamá se va de viaje
y mamá llora desolada.

El silencio aguarda las lágrimas
y he de contemplar las atribuciones.
Quedo sacrificado al deseo,
atónito ante la impotencia
o el cuerpo herido de mi cuerpo.

Los puños se crispan y de ellos
una llamarada, una cuerda oscila
entre el pasado y mi derrotado presente.
La cuerda me llama a la consumación,
en su anillo un torrente de madres
crujen como un cristal.
Yo tan inane vuelco la desgracia
con un golpe en el aire,
como una imprecación baladí.

El hueco llama desde el rondo
y mamá se va de viaje
y mamá llora desolada.

¿Cómo abrirme las venas pobladas de sollozos?
¿Cómo no herir el ojo indiferente?

Hay tanto dolor en una madre desolada,
tanta la violencia que morir es una ofrenda.
¿Cómo batir el impulso cuando se desgarra el alma?
Estas piedras son testigos,
piedras encendidas que se pudren
de tanta angustia.

Ya sabrás mi cuerpo el dolor
de una madre que llora desolada.

Lo peor, ver partir a mi madre
cuando el hueco llama desde el fondo



[Del libro Poemas de la tortuga]



Monólogo de la tortuga I


Es un caparazón como el cielo mi espalda
y mi pecho siempre contra la tierra, puedo
esconderme en el cuando la incertidumbre
me cobija, cuando los fuertes amenazan ahogarme,
sin embargo me ahogo sin morir, más los tiempos
no me olvidan, y sigo lentamente mis cavilaciones.
Muchas veces, como un sofista, retozo con mis
creencias hasta más no poder y siento una biografía
celeste en mis patas.

Soy milenario.

Me río irónicamente del drama de los hombres.
Paseo por el Nilo, Grecia, Cataluña, París, Santo
Domingo o Moscú; para mi ningún sitio es lejos.



Oda a la mujer


Mujer,
desde tu ventana se ven las espadas marinas
de los enamorados perforados en la guerra,
ellos traen torcidas armas que jugaron a los
naipes del cielo, sin sentir la muerte en
sus sombras cruzaron el ala nocturna: ellos
devuelven el sudor amado de tus brazos, el
reír hambriento de tu pecho
como ráfagas de fruto en el corcel de la
mirada de un niño feliz y muerto.

Mujer,
saludos, palmadas, retiro, memoria de abejas,
cristal de niña de furia dejan en los abalorios
aquellos que sacrificaron la esperanza
para darte la vida en la brevedad de la
caricia. Oh, eres: verdor del trueno en los
campanarios del verano, en ti esta el humo
de tus amados muertos.


[Del libro Cuaderno de Condenado]



La morada


En la ventana el cigarrillo
con el hilo azul de la moratoria.
Opuesto al otero y a la infancia
busco el Tao.
Posiblemente la volátil sensación del alma
en el inmueble de las donaciones.

El ojo en el cadalso.

Lo inexplicable salva el mundo.

En la calle los automóviles
y la sonrisa puntual del reloj
y, como una muchacha desengañada,
la tarde campanea por las paredes.
La siento como un anatema en la memoria.

(Cierro la taza la hierba y la esquina
como un precipicio)

El mito resurge y saquea.
En la lluvia se pasea el instante
y no percibo los muertos de mi genealogía.

Un salto, el cigarrillo ha quemado
el borde de la ventana; estornudo
y una mujer junto a la puerta.

¿Cuál será mi morada?



[De Suma presencia]



© Víctor Bidó

César Augusto Zapata

César Augusto Zapata
(Santo Domingo, República Dominicana, 1958).

Libros Publicados:
Acrobacias del Ser (1991), Jardín de Augurios (1995), Un Nuevo Día Ayer (1996 , Prosa), Poesía Junta 1989-1999 (1999).-


Poema Poesía Propathos


Con su antiguo vestido que al rasgarlo se rehace
huye del ritual al sueño
la palabra que expulsada no quiere decir
sino ser
Desterrada del mito se hace enigma
Es otro mito su transparencia recobrada
El poema revela lo que en su revelación oculta
Con mil ojos la poesía mira desde su intención dañada
No quiere decir sino ser y por eso se desgarra
El sentido está en las laceraciones
donde la palabra quiere ser
El poema limpia sus heridas
cuida sus vacíos
la aleja de perderse en lo nombrado
lívido temblor ante el espejo
La boca del hombre jamás
descubrió el origen de lo dicho



Ausencia de Milton

La rosa única es ahora el jardín
donde acaban todos los amores.
T. S. Eliot.

El jardín es rosa única
Luz sólida
belleza atrapada en el lugar de la agonía
inextinguible celada de otra vida
augurando un agua imposible para los mortales
el otro río que perseguido va en las venas
Nada más hay en un mundo desolado
la rosa aprisionada por lo bello
la rosa con su olvido
lo que persiste después de los amores muertos
abandona bajo el vértigo su perfume
Alguien se abraza a su memoria de agua
son pedazos de corazón estos pétalos
adentro de la rosa alguien se muere


Breve Poema Circular
Para leerse en la tumba de Borges



Quizá cuando Dios miraba
a su Rabino allá en Praga
otro Dios o cosa a Dios miraba
y ni el Golem ni el Rabino ni Dios
sabían nada
de este eterno repetirse en la mirada.


Icaro caído

El sol ha vuelto a ser un joven ojo sobre mi sombra
Otras puertas perdidas y cerradas no sonríen
Y un rumor de bestia confunde los oráculos
Alcé vuelo una mañana y es la tarde
Sobre esta piedra dura que repite voces
Cansado de alas he caído de la luz
De un laberinto a otro menos solo
Adentro hago chillar la bestia que me habita
Pequeños abandonos me circundan
Ya no veré a mi amada con su traje de oro
Ninguna libertad tiene sentido sino es dicha
A esta hora cae un pétalo al estanque
Y grazna un pájaro silvestre
Mientras espero por el abrazo
Que al fin me ponga afuera
Con las recuperadas maneras de morirme.


Para entender vacíos

Estar en la realidad es un misterio
Pararse en la ventana y ver el día
Volver sobre los pasos de aquél otro
En donde han muerto verdades mías
Azar que se construye en el delirio
De sabernos despiertos todavía
Por qué lo perdido se hace piel
Cuerpo de goce en el martirio.


Reunión del cuerpo fragmentado

Pensar es ya decir .

Quien la carne habló primero en una hora
Supo hendir el abismo, Eco inaugurar.
Estuvo solo más que antes,
Frente a la cicatriz multiplicada.

Solo el primer hombre que nombró la soledad:
¡Levedad, profunda levedad!

Hundida la espada a fondo, mana el agua.
Después que habló el mortal
Todo lo que digo ya es escombros,
Deshechos sonando, engendros, aire.

Qué dios ebrio puso en el barro palabras como uñas
Para destruir lo que en su lugar era una cifra.
Soplar sobre el polvo que llamo ayer y se disipa.

Volver a empezar es una hermosa quimera.



Lo dicho como apropiación del destino.

Nadie más que el verbo en el acto de ser está siendo
Los demás seguimos perdidos entre las cosas, en la mudez,
En la duplicación fingida por la palabra.

Todo misterio es decir.

Más allá del sentir
Otras existencias ocupan sus dominios en el cuerpo.
Un infierno se abre en cada letra.

Arden mis labios, mujer, quieren decirte por entero
¡Tan completa! ¡Tan completa!
Aire y letra jamás serán tu cuerpo.



Érase el silencio


Olía a voz la luz vagando por el aire.
Palabra sin hombre que hace imposible
La visión de los pequeños mundos.

No descubrirse sirve para entender los misterios.

¡Oh lenguaje, oscuridad significante!
Abundancia que aún no significa.

Alguien aprende a ocultarse bajo la luz,
Pero es tan distante el mar,
Tan lejana la imaginación....



© César Augusto Zapata

Dionisio De Jesús

Dionisio De Jesús
(Juan Sánchez Ramírez, Rep. Dominicana, 24 de marzo de 1959).

LIBROS PUBLICADOS:

Axiología de las sombras, Santo Domingo Editora Universitaria, 1984; Oráculo del suicida, Santo Domingo Editorial Santo Domingo, 1985; La infinita presencia de la sangre, Santo Domingo Impresora Giofraf, 1989; Celebración del ausente, Santo Domingo Editora Amigo del Hogar, 1991.


Así se destempló el acero


Un golpe de oscura luz entre los labios
El mar rabioso azul con música tibia
Y una rosa lejana como el misterio
La nieve del corazón con un olor a dios inválido
Un niño reconstruye su vida

En la terrible belleza de unos senos
Toda la cruel alevosía de la tarde
Abaten la borracha muerte del poeta
Sólo en el espejo guardamos la horrible mitad
La forma de cadáver que transita los sueños.



He levantado el cáliz


He levantado un cáliz para brindar por el que nunca
fue. Por el que se ha escondido en el borde de su abismo
a fornicar silencios. Por el que no perdona ni
venera padre ni madre. Por el que siempre da un paso
en falso. Por el que fue no-ser. Por el que ha vivido
eternamente en la derrota. Por el que quiero ser suma
inútil de rostros en los espejos



Mis antepasados


A Pedro Peix


Ellos nada tuvieron que no fueran los trámites de la muerte
Unos asieron sus memorias a las aguas inmensas de los siglos
otros como Ulises desoyeron los dioses para retener sus
taciturnas tristezas
Para algunos suyos eran los caminos del oficio de las sombras
Mis predecesores que cercanos estaban de las estirpes
De polvo y los borrados sueños.



Mujer que apenas sueña


Naufraga tu anciano ser entre pétalos de sombras
Cuando la soledad ordena a tu pretérito corazón
Que entregues rosas desfiguradas a los hombres
Dentro de ti mataron un jardín de ojos en el eterno otoño
¡Oh terrible azucenas de la soledad inevitable
Por qué le das vendimias al que puebla silencios!
¡Oh impenetrable muelle de la amada cuando sueña su muerte
entre cielos furtivos!



© Dionisio De Jesús

Manuel García-Cartagena

Manuel García-Cartagena (Santo Domingo, 1961) es Doctor en Letras Francesas Modernas por la Universidad François Rabelais de Tours, Francia, donde su tesis titulada «Enjeux du “Je” dans les romans des surréalistes» ("Las apuestas del “yo” en las novelas de los surrealistas") obtuvo la mención “Très honorable”, y la recomendación del jurado para su publicación. En esa misma universidad ocupó el puesto de Lector de Español, de 1992 a 1995 y, en 1996, fue nombrado Agregado Temporal a la Enseñanza y a la Investigación. De regreso a su país natal en 1997, ejerció durante varios años labores docentes en varias universidades dominicanas (INTEC, UTESA, UASD), así como en la Alianza Francesa de Santo Domingo. Actualmente es el Editor de Lengua Española y Literatura de Editorial Santillana en Santo Domingo. Narrador, ensayista, traductor, poeta y crítico literario, ha publicado tres novelas: Bacá (2007), Historia de Almueje (1999) y Aquiles Vargas, fantasma (Premio Siboney de Literatura de 1986), un libro de cuentos: Historias que no cuentan (2003), cinco libros de poemas: Mar abierto, 1981; Poemas malos, 1985; Palabra (Premio Siboney de Poesía de 1984); Los habitantes, 1985. En 1984, la Fundación Cultural Dominicana publicó su traducción al español de la versión en lengua inglesa del poema Almost at the end, de Yevguéni Evtuschenko bajo el título Fukú.


À mon condor


Mientras llega tu mañana, rompe con todo;
sé tan sólo tú, aunque pagues el precio
de conocer el vacío que vive en cada sombra.
Sal de ti y ponte a amar
la primera forma bella que a tu paso encuentres.
Habítala sin dudas: tu deseo nunca miente.
Aléjate de quienes, por envidia o por prudencia,
intenten frenar tu marcha.
Conserva un buen libro, un par de amigos,
el amor a lo bello y tu inocencia.
Después vendrá la orden
que te hará morder el polvo,
y te verás cambiar hasta no reconocerte.



Consuelo para gotas


Camino del lago con su cuerpo a cuestas,
para al fin ir a perderse entre burbujas y peces,
ya suelta, casi pateando, un último quejido.

Al aire ella llamaba su máxima locura, y avanzaba
entre cardos y escolopendras, dudando,
pero qué brillo perdían cada vez más sus ojos.

Esa gota tuvo un día conciencia de ser agua,
y en el lago pensaba resolver su destino,
como alguien que escribe una vida ajena.

Hoy acude, ya sin prisa, a su última cita.
Mañana, sólo el agua la echará de menos.



Nadie está a salvo


Brilla, estrella de la hoja,
gánate esta noche peluda de gritos
sentada en mí como una visión,
púdreme el deseo.

Brilla y llévame de vuelta
al país de pensar la cárcel rota,
la tarde sin ventanas y la fiel amante.

Brilla y ruge loca de dominios,
verde en disparates y aviones miopes:
como una viuda alegre,
brilla más en tu tristeza.

Destruye la unidad y vive sola,
triúnfate en la muerte del poema vivido.



Magma ebrio


Mi cuchillo está enfermo de techos que se mueven,
y mi pobre noche llena de naranjas muertas,
llorando globos rojos se va yendo al paraíso.
Mi valium baila ahora un verde en mi barriga,
mi cuchillo se ha clavado en un pecho inmóvil.
Este es el que mató con un cuchillo a sus orígenes,
sin cenizas que poblaran de nuevo sus venganzas;
coleccionista edipo, árbol rayado en sus nubes,
toda ley sangra, todo pecado ayuda.

Este soy, el cuchillo que cena con las cosas,
la quimera con lentes de barro loco, el mundo.

Mi triste cuchi yo, el pan del génesis,
la sangría, el velo, resquicios lentos,
mi carga mala ya está inválida de los ojos
para arriba, y mi feudo cerrado al diente ardiente:
una cama que late, una espalda mordida.




Centro del mandala



Alabado sea tu hoyo, cosa que vive,
grande es el humo que no me llega,
todo lo que te late me palpita y tumba
armándome vencedor de los quicios rotos.

He aquí tu himen, amada muerte,
por él maté a las últimas
manos que me saludaban.

Alto como el mejor asesino,
mentí mi vida
mientras el mundo me veía
crecer y hacerme.

Ahora en tu boca pasto y bufo,
duermen los buitres que merodean mi lengua,
no hay desiertos tan dulces
como tu cueva.



Sutra # 255521589722118662


El tiempo de la carne es el tiempo del dolor:
la voz abierta como un chorro,
en los ojos las pisadas de un pensamiento
que se niega a existir,
el grito decapitado que se oye a sí mismo
mientras cae en su cabeza.

Todo el tiempo de ser es el de inventarse,
y el tiempo de inventarse es el tiempo del dolor:
tan sólo un río que se seca en otro río,
tan sólo un tiempo sumergido en otro tiempo.

No hay victoria para aquel que triunfe sobre el deseo.
El río sigue,
la corriente continúa mostrando su mismo rostro.
Nada es igual a la Nada en el fondo del tiempo.


© G. C. Manuel

Médar Serrata

Médar Serrata
(Santo Domingo, 23 de Octubre de 1964)
Ha publicado: Las Piedras del Abaco (1986), Rapsodia Para Tontos (1999.


Las Piedras del Abaco.
Canto uno


1


¿Y qué fue de aquel hombre que se marchó a Nod
la tierra de nadie
que se marchó al oriente de Edén
con toda su culpa una tarde
que partió cuando el crepúsculo
extendía su azul sediento sobre rocas
y las últimas bestias salían
desafiantes y desnudas a matar?

Porque iban desnudos los primeros hombres
la tarde que vencieron el vértigo azul
en sus embarcaciones rústicas
y sólo azul y vértigo eran sus embarcaciones
ramas de la sangre paleolítica
con la que un hombre
hizo del destino de los hombres
una quijada de burro



2


¿Es éste el botón que basta como muestra
la trivial razón de que exista el miedo?
Busco en mi robot al duende que camina
extraer de su temblor un hueso portentoso
el sol de ese nadir la verde oscura
dulce luz que al pasar me dejó su sombra
“Era el ejército de los bárbaros
que avanzaba hacia Cartago”
Acaso un mecánico temblor en su osamenta
porque sombras las hay leves que queman
y lentos metales que no sudan
Era el rabioso torbellino de los mercenarios
¿Y quién se mantendrá firme frente al cerco
resguardando con sus uñas a la Acrópolis?
¿Dónde está Amílcar?
Era la colina de la Acrópolis
temblando ante los ojos llenos de ira
de los mercenarios
“Haces bien en dejar correr tu cólera
como un carro que rueda cuesta abajo”
decía a Matho el antiguo esclavo Spendius
y Matho cazaba buitres en las afueras de Cartago
contemplando impotente sus pétreas murallas


3

¿Y qué fue en fin de quien tomando a tientas
mi silencio dorsal insulso
el ojo dormido bajo mi ojo despierto
vino rastreando este minuto
en que el cuchillo y su carne se concilian?
¿Qué fue del que talló esta mano con la cera de Dédalo
su sombra recogida sobre mi risa más oscura?
¿Y qué del que puso la intención en esta mano
hundida fiel feliz hasta tu cuello?



4


Alguien arrastra a tumbos su sombra
por sobre el ruido de los autos
alguien que tiene un odio con caras
y ostenta cicatrices sonoras
alguien con dobles en todas las vitrinas
y una niña desnuda sobre ojos convulsos
un deseo enfermo y pervertido
un cuchillo con santo y señas
un hermano del que no es guarda
una herida que busca su rastro
y se reconoce a la luz de la sangre
Oh dolor prehistórico del hombre
y dicen los viejos que vino del este
pagando una culpa


5

Yo anduve despacio entre las cosas
cuando todo tenía nombre y adjetivo
cuando era imposible asumir la palabra
sin poner en juego sus objetos
Yo anduve muy despacio entre las cosas
impregnándoles mi hedor de asceta transitorio
y todo lo ajeno era mío
porque cada magnitud tenía su nombre
y yo era dueño de los nombres
de todas las cosas



6


Recuerda esto Enoc hijo
no hay pronombre más triste que ninguno
La noche empieza a ladrarnos sobre las cavernas de Nod
los hombres no regresan con su presa
La noche es la última esperanza que le resta al miedo
los hombres han de estar cansados
La noche es hermosa como huesos de mujer
limpia como el hambre que afila sus formas
los hombres Enoc
no ha sido gratuita esa flor
quemada por la sangre



7


Leche solar
A esta hora en que todo parece posible todo es posible
hasta entrar en la estancia de tus ojos como Pedro por su casa
oscura estancia de tus ojos donde Sócrates
rechaza la copa de cicuta
mientras la ciudad
abre sus puertas de arsénico al suicidio
¿Qué apócrifa demencia?


8

Hermosa la conciencia mal sentada
¿qué mano es una cosa abierta sorpresivamente
si deja caer al agua un cielo albino
el dedo pensante sobre la sien
su trágate este gesto
tantísimo gordo peyorativo material?
Uy pájaro-niño mojada pelambre
jugando sin reposo
¿Qué mano es esta cosa abierta sorpresivamente
buscando en un juguete al duende que camina?
Cristóbal Colón no partió de Puerto de Palos de Moguer
sino de la más ostensible de las miserias humanas



9


Oh dolor prehistórico del hombre
Oh sol de las tardes tropicales de los llanos
donde los primeros hombres
salieron con sus palos a matar
Dicen los viejos que es imposible
cercenar en segundos un hambre de siglos
pero entonces
¿qué fue de aquel hombre que se marcho a Nod
la tierra de nadie?
¿Qué fue de Caín el desterrado?




La permanencia


Reflejo de su propia imagen es el cuerpo
ventana a lo inasible
presencia que es estorbo
atropelladas formas que el calor desata
ruinas
basurero sin fin donde echar las edades
Quizás un hado adverso en vilo lo sostiene
le otorga larga vida propiedades
pasión por las quimeras
por eso sobra todo cuando nada nos falta
y una espada hecha de fuego una espada
encendida cierra el paso y un gran árbol
veloz como la dicha es el deseo
Quizás permaneciendo es como se destruye
por eso sangra más la herida que no ha sido
y el hombre se desploma bajo el peso de su sueño
Derribado así sin advertirlo
arrastrándose entre seres que no le conciernen
-el labio de la esfinge las naves la escalera-
¿cómo alzar su mano para tocar lo puro?
¿Y qué cosa es la pureza -tú que lo sabes-?
¿Qué poderosa voz traza los límites
y una espada encendida pone frente al árbol?




© Médar Serrata

José Mármol

José Mármol
Nació en Santo Domingo, República Dominicana, en 1960. Estudió filosofía y linguística aplicada. Profesor y coordinador de la cátedra de filosofía en prestigiosas universidades dominicanas. Fundador y director de la Colección Egro de Poesía Dominicana Contemporánea. Ha publicado los siguientes poemarios: El ojo del arúspice (1984), Encuentro con las mismas otredades I (1985), La invención del día (Premio Nacional de Poesía 1987), Encuentro con las mismas otredades II (1989), Poema 24 al Ozama: acuarela (plaquette con grabados de Rufino de Mingo, Madrid, 1990), Lengua de paraíso (Premio Pedro Henríquez Ureña 1992), Deus ex machina (Premio de Poesía Casa de Teatro 1994y Accésit al Premio Internacional de Poesía "Eliseo Diego", Excelsior, México, en ese mismo año), Lengua de paraíso y otros poemas (1997) y Criatura del aire (1999). En prosa ha publicado Monografía sobre Rufino de Mingo (en colaboración con José David Miranda, Madrid, 1991), Etica del poeta, escritos sobre literatura y arte (1997) y Premisas para morir, aforismos y fragmentos (1999).


esquicio del vuelo


voy a dibujar un pájaro que es su mismo vuelo. y un vuelo que aún no tiene pájaro. vuelo que se crea con su pájaro. pájaro agotado en los tonos de su vuelo. no voy a dibujar un pájaro volando sino al mismo vuelo dibujándose. y en mi turno de sentirme dios. voy a crear un himno para el viento y la memoria.



poema 24 al ozama: acuarela


superficie de luces agotadas donde apenas el sonido de la sombra suena. yo te nombro ciudad irreal hundida en la penumbra de un recuerdo invernal. el ozama que fluye por cada objeto a la deriva es una historia. el ozama que sube del fondo de la noche hacia mi palabra. un pez flota suspenso entre la imaginación y un escarceo brillante de hojas secas. el ozama refugio del miedo de la noche y de toda la pobreza de unos hombres. largo testimonio de secretas temporadas de amor y de todo excremento vertedero. yo te nombro ciudad irreal hundida en la penumbra de un recuerdo invernal. cuando en la orgía de las horas oscuras no queda diferencia y el amanecer estalla en su maravilla cotidiana. cuando el silencio penetra el aire ancho y el murmullo de los troncos y las piedras. el río que hay en el ozama empieza a sudar leche de luna y baba. empieza a mostrar sus ahogados. sus ángeles suicidas. sus dioses imperfectos. sus luases orinados. sus vírgenes violadas por murciélagos y sapos. los lanchones de hueso dejan la superficie cantando su retorno hacia lo profundo. todo mi cuerpo. toda mi memoria contenidos por el río que corre en el ozama. todo mi ser desgonzado y transido. superficie de luces diluidas donde ya no se oyen las rancias velloneras. yo te nombro ciudad irreal hundida en la penumbra de un recuerdo fatal. bañarse de símbolos a la playa de las aves. de los peces distantes. de las olas vidriosas y el color de la sal. a la playa de los seres. de los niños. de los perros realengos yo no voy. me quedo en esta playa innombrable del lenguaje. en esta que inmóvil me baña de sonidos. en esta que compone. en esta que ha engendrado razones de color. en la playa de los símbolos me solazo y desgonzo. en la playa que se expande por tu boca cuando me hablas.



Deus ex machina


Arroja tú los dados, Señor, te ha llegado el turno y es invierno. Arrinconado está el tridente, una piel de ceniza cubrió las cordilleras. Señor, he aquí el canto de la luz a ti debida, en la quietud del mar y discreción tan pura de la noche infinita. He aquí a tu hijo Elfuego, ardiendo con su tacto la superficie toda y al agua seduciendo con su lengua dorada. Ved aquí, Señor, su hermanastra Elalba, hierofanta líquida, posesa de las formas. Ellos narran en su tremendo idioma las celebraciones, la obediencia y el pecado. Arrójanos tú esta vez, Señor, la semilla y el varón de la especie más sana. No lo anuncies al azar, porque deviene llanto y se alza con el tibio rumor del pavimento, y otra vez se nos pierde, nos castiga, nos repudia. Que nadie sino tú, oh Señor, esgrima esta vez el cuchillo del jifero; madure un acorde cuando la vida cese y la lluvia limpie, sorpresiva, las caderas uncidas de los copulantes. Arroja tú los dados, Señor, te ha llegado el turno de lo ineluctable. Despídelos sin miedo de tu anchurosa mano, porque a los ocho lados la suerte nada espera, y hacia la muchedumbre y el desastre apunta el cielo. Arrójalos tú, Señor, te ha llegado el turno y es ardiente verano. Idioma de los dioses De ti, como de un río, adoro cuanto fluye. Volando y danzando como los dioses hablan. Amo tu rápida presencia, única manera de pasar, transfigurando en vuelo la quietud y la espera. Idioma poderoso del mineral y el árbol. Néctar salobre de las venas abiertas y miembros destajados en torno a la deidad. Palabras innúmeras con las que atemorizo y a la vez encanto las huestes de la noche y escuderos del día. Voces muy alzadas en sus puntas de roble, con las que canta el mago, gobierna el azar y predomina un orden geométrico de hielo. Grande la ocasión en que algo se consume y con su muerte alumbra y destapa lo esperado. Ahora canto y bailo y salpico de luz las brechas de la sombra entre las llamas. Volando y danzando, como los dioses hablan. Del aire me sostengo, el universo en mí se apoya, gira espeso. Mi verso ha domado al vellocino de oro y ya diezmó mi brazo a los jinetes bravos, a cuyos restos doy mi canción y mi otra espada. Grande la ocasión en que todos danzamos, como dioses mirando la miseria del reino. Palabras que brindaron alma y cuerpo a las ciudades. Soberano idioma, lenguaje de las piedras, del laurel, del río adormecido en sus meandros; alfabeto de grutas intocadas, de lagos suspendidos y pájaros mudos henchidos de placer. De ti, como de un río, adoro cuanto es y ya no es y se transforma y pasa y queda suspendido. Oh idioma venturoso de los labios y las manos, de las praderas altas, los barcos diminutos, la cruz centuplicada en un mismo sendero. Oh danza de las danzas, con que los dioses cantan y bailan y nos llaman.



Retrato de mujer

En tu boca tiembla un pájaro tirado a lo sediento. En tus dedos, templos altos de luz andan despiertos. Habla con tu voz aquel ángel seducido por una magia, un cuerpo, un vocablo insospechado. Nada por tus párpados un pez bello y fugaz, y en la negra chorrera de tu cabello tieso, un celaje de carne con alas suena y brilla. No mis ojos te dibujan, no mi trazo maculado. No mi arte la perfila; es el agua desbordante que me asalta con mirarte, untadas por imanes lascivos ambas manos, y no importa que estés muda porque hablas con tocarme. Hay entre tus pechos matices imposibles, bosques y bahías, cañaverales limpios, mojadas poblaciones, algas finas, robles, yerba. Me asomo al intocable destello de tus manos y temo que mirándome se desnude tu voz, y como San Francisco de Asís hable a las aves, y se descalce y pese mucho menos que el aire. Mujer que lleva entera una bestia por ternura. Mujer que me desalmas con tan sólo nombrarme; mas no importa si estás muda porque cantas cuando miras. En tu vientre acuna un mar con veleros erguidos, en tu pelo un surtidor de la noche se desgrana, en tu boca de nubes y pájaros me pierdo, y no importa si estás muda porque cantas cuando amas.



Estación de invierno


Nieva dentro de mí, debajo de la carne y en la pared urgente de la soledad. Afuera, sin embargo, es día claro y nieva. Yonkers es un tráfago de torpe lodo gris, de techos amarrados a un silencio indescifrable. He tomado con sigilo mi tren hacia el eterno, sin que vagón alguno respire olor humano. Minutos después, un grupo de jóvenes árabes me cerca; hablan en su lengua gutural y baldía, surcada de polvo, torbellinos y sables, pero el cántico infeliz de los rieles me ha salvado. Era tarde. Arreciaba el milagro de sobrevivir a las facas del odio y la opulencia. Oré a la niebla y al bosque de la noche: en ellos se aposenta el dominio sagrado. Ya no temo a nada en el vajido de las rocas; hoy me reconozco viajero de la muerte. Acrece la cellisca y la humedad lo es todo. Nieva todavía en el cauce de mis huesos. Afuera, sin embargo, el hielo ha disipado su imponencia letal y los niños redimen urgentes esperanzas. Nieva por los bordes de mi meditación. Hace calor aquí; el trópico me alienta con tan sólo evocarlo, y las manos desnudas de una mujer me cubren. Afuera, sin embargo, es noche honda y muerte, y mi estación no existe, y el tren no se detiene en su viaje al invierno.



OTRA VEZ UN POEMA


cada palabra es una flor que aborrece su forma y su olor
desprecia. cada flor es una voz. un lenguaje abierto
a la piedad. al amor. al tedio, un cosmos reunido en una
breve mancha nacida para el aire. tímido latido del
inmenso letargo celestial esa flor. un vagido tal vez de
algún dios corrompido. por la estirpe de barro soplado y
su alfabeto. cada palabra es una flor que aborrece su
forma y en el instante queda.



AL NOMBRE DE ALGUNA MUJER


tu cuerpo es un deseo de ti por todas partes. tu cuerpo es
un imán tensando mis rodillas. eternidad de un día
desde la que borracho de urgencias me disuelvo. fugacidad
con brazos para estrecharme a un fuego. tu cuerpo es
una flor brotando de un espejo. un temor con esperma
recogido en el vientre. la pelvis una playa que agrupa
un mar de besos. tu cuerpo es un recuerdo que no tiene
pasado. permanencia del agua en racimos de unas
horas. tu cuerpo es la noche con su nada redonda. el
sonido. el metal. la soledad. la campana que hincha
la neblina sobre las viejas piedras de la catedral. tu cuerpo
es un deseo de ti por todo el tiempo. escasos los
dedos. tremendos los ojos y unas ingles llanas de las que
crecen nubes. tu cuerpo es una música para nunca
tocada. tu cuerpo no amanece. tu cuerpo inventa alas.
azul en lo azul. desde lo blanco blanco. voz en la
voz y por el viento soplo. tu cuerpo es un deseo de ti
por todo sitio. tu cuerpo es una danza de ti si el
piano flota. tu cuerpo es un reclamo de amor en cada
gesto. tu cuerpo es un deseo de ti por todas partes.



PENSAMIENTO


para qué preguntar por la salida si la entrada fue un don
de lo desconocido. para qué los intentos por descifrar
la vasta superficie de un milagro. para qué presumir
sabiduría y dominio. sabio es el viento que no tiene
memoria. que sólo cuando pasa es. que pueda pasar
iracundo o tierno. sabio es el viento. uno de los cuatro
elementos en el sueño. y no lo sabe nunca. y nunca lo
sabrá.



ABDICACIÓN


Dios es como el fuego, cuya pasión redime,
Como el viento poderoso, cuyo ardor desnace todo.
Dios, temor y fuerza de seguirle o acosarlo,
Como el tiempo, como el sueño y como el baño santo
de las termas paganas.
Es como un fuego Dios, su amor devora y crea.
Dónde a Dios buscar sin vano desafío?
Sea en el prodigio de tu cuerpo y tu voz,
En el quejido lento de animales y brisas,
En la distancia unida por las hierbas y las piedras,
En los repliegues suaves del mar, que es piel del cielo
O en la muda palabra de una oración estéril.
¿Dios, perpetuo buscarse,
Forma transparente de lo que nunca es?
Es como el agua Dios, cuyo beso nos pudre,
Cuchillo destapando el centro de los sueños
Y si más hondo el filo, más fecundo, más brillante
el animal que acude.
Dios es el tormento de creer o descreer,
Dimensión de lo enorme y lo nimio simultáneos,
Sentido de lo ágil, lo inasible,
Equilibrio inmutable del designio y del azar,
Contenido sin esencia a no ser la de mi voz.
Dios ya no enferma. Dios, cuyo destino le aterra
y desconcierta.
Dios soñó entonces con cuerpo de vestir,
viandas sobre la mesa,
Con cuentos de niñez (porque ha de ser terrible
haber nacido inmenso).
Dios es como un canto, cuya vocal se ahonda
Y va ganando plenas distancias eco adentro.
Dios, el que ama todo sin conocer ternuras,
Sin haber sido limpia superficie de un beso.
El iracundo, el sobrio, el que ha llorado ráfagas
de insensatez y tedio.
Es como el fuego Dios, cuya pasión consume,
Como lluvia torrencial, cuyo crimen fecunda.
Dios es como el aire, sin ser visto abraza todo,
Dios es como yo y en mi palabra quema la luz
que lo refugia.



© José Mármol

viernes 4 de abril de 2008

Pedro Mir

Pedro Mir
Hay un país en el mundo

Hay
un país en el mundo
colocado
en el mismo trayecto del sol,
Oriundo de anoche,
Colocado
en un inverosímil archipiélago
de azúcar y de alcohol.
Sencillamente
liviano,
como una ala de murciélago
apoyado en la brisa.
Sencillamente
claro,
como el rastro del beso en las solteras antiguas.
o el día en los tejados.
Sencillamente
frutal, fluvial. Y material. Y sin embargo
sencillamente tórrido y pateado
como una adolescente en las caderas.
Sencillamente triste y oprimido.
Sinceramente agreste y despoblado.

En verdad.
Con dos millones
suma de a vida
y entre tanto
cuatro cordilleras cardinales
y una inmensa bahía y otra inmensa bahía,
tres penínsulas con islas adyacentes
y un asombro de ríos verticales
y tierra bajo los árboles y tierra
bajo los ríos y en la falda del monte
y al pie de la colina y detrás del horizonte
y tierra desde el cantío de los gallos
y tierra bajo el galope de los caballos
y tierra sobre el día, bajo el mapa, alrededor
y debajo de todas las huellas y en medio el amor.
Entonces
es lo que he declarado.
Hay
un país en el mundo
sencillamente agreste y despoblado.

Algún amor creerá
que en este fluvial país en que la tierra brota,
y se derrama y cruje como una vena rota,
donde el día tiene su triunfo verdadero,
irán los campesinos con asombro y apero
a cultivar,
cantando
su franja propietaria.
Este amor
quebrará su inocencia solitaria.
Pero no.
Y creerá
que en medio de esta tierra recrecida,
donde quiera, donde ruedan montañas por los valles
como frescas monedas azules, donde duerme
un bosque en cada flor y en cada flor de la vida,
irán los campesinos por la loma dormida
a gozar
forcejeando
con su propia cosecha.
Este amor
doblará su luminosa flecha.
Pero no.
Y creerá
que donde el viento asalta el íntimo terrón
y lo convierte en tropas de cumbres y praderas,
donde cada colina parece un corazón,
en cada campesino irán las primaveras
cantando
entre los surcos
su propiedad.
Este amor
alcanzará su floreciente edad.
Pero no.
Hay un país en el mundo
donde un campesino breve
seco y agrio
muere y muerde
descalzo
su polvo derruído,
y la tierra no alcanza para su bronca muerte.
¡Oídlo bien! No alcanza para quedar dormido.
Es un país pequeño y agredido. Sencillamente triste,
triste y torvo, triste y acre. Ya lo dije
sencillamente triste y oprimido.

No es eso solamente.
Faltan hombres
para tanta tierra. Es decir, faltan hombres
que desnuden la virgen cordillera y la hagan madre
después de unas canciones.
Madre de la hortaliza.
Madre del pan. Madre del lienzo y del techo.
Madre solícita y nocturna junto al lecho...
Faltan hombres que arrodillen los árboles y entonces
los alcen contra el sol y la distancia.
Contra las leyes de la gravedad.
Y les saquen reposo, rebeldía y claridad.
Y hombres que se acuesten con la arcilla
y la dejen parida de paredes.
Y hombres
que descifren los dioses de los ríos
y los suban temblando entre las redes.
Y hombres en la costa y en los fríos
desfiladeros
y en toda desolación.
Es decir, faltan hombres.
Y falta una canción.

Miro un brusco tropel de raíles
son del ingenio
sus soportes de verde aborigen
son del ingenio
y las mansas montañas de origen
son del ingenio
y la caña y la yerba y el mimbre
son del ingenio
y los muelles y el agua y el líquen
son del ingenio
y el camino y sus dos cicatrices
son del ingenio
y los pueblos pequeños y vírgenes
son del ingenio
y los brazos del hombre más simple
son del ingenio
y sus venas de joven calibre
son del ingenio
y los guardias con voz de fusiles
son del ingenio
y las manchas del plomo en las ingles
son del ingenio
y la furia y el odio sin límites
son del ingenio
y las leyes calladas y tristes
son del ingenio
y las culpas que no se redimen
son del ingenio
vente veces lo digo y lo dije
son del ingenio
"nuestros campos de gloria repiten"
son del ingenio
en la sombra del ancla persisten
son del ingenio
aunque arroje la carga del crimen
lejos del puerto
con la sangre y el sudor y el salitre
son del ingenio.

Plumón de nido nivel de luna
salud del oro guitarra abierta
final de viaje donde una isla
los campesinos no tienen tierra.

Decid al viento los apellidos
de los ladrones y las cavernas
y abrid los ojos donde un desastre
los campesinos no tienen tierra.

El aire brusco de un breve puño
que se detiene junto a una piedra
abre una herida donde unos ojos
los campesinos no tienen tierra.

Los que la roban no tienen ángeles
no tienen órbita entre las piernas
no tienen sexo donde una patria
los campesinos no tienen tierra.

No tienen paz entre las pestañas
no tienen tierra no tienen tierra.
País inverosímil.
Donde la tierra brota
y se derrama y cruje como una vena rota,
donde alcanza la estatura del vértigo,
donde las aves nadan o vuelan pero en el medio
no hay más que tierra:
los campesinos no tienen tierra.
Y entonces
¿De dónde ha salido esta canción?
¿Cómo es posible?
¿Quién dice que entre la fina salud del oro
Los campesinos no tienen tierra?
Esas es otra canción. Escuchad
la canción deliciosa de los ingenios de azúcar
y de alcohol.

Procedente del fondo de la noche
vengo a hablar de un país.
Precisamente
pobre de población.
Pero
no es eso solamente.
Natural de la noche soy producto de un viaje.
Dadme tiempo
coraje
para hacer la canción.

Y éste es el resultado.
El día luminoso
regresando a través de los cristales
del azúcar, primero se encuentra al labrador.
En seguida al leñero y al picador
de caña
rodeado de sus hijos llenando la carreta.

Y al niño del guarapo y después al anciano sereno
con el reloj, que lo mira con su muerte secreta,
y a la joven temprana consiéndose los párpados
en el saco cien mil y al rastro del salario
perdido entre las hojas del listero. Y al perfil
sudoroso de los cargadores envueltos en su capa
de músculos morenos. Y al albañil celeste
colocando en el cielo el último ladrillo
de la chimenea. Y al carpintero gris
clavando el ataúd para la urgente merte,
cuando suena el silbato, blanco y definitivo, que el reposo contiene.

El día luminoso despierta en las espaldas
de repente, corre entre los raíles,
sube por las grúas, cae en los almacenes.
En los patios, al pié de una lavandera,
mojada en las canciones, cruje y rejuvenece.
En las calles se queja en el pregón. Apenas
su pié despunta desgarra los pesebres.
Recorre las ciudades llenas de los abogados
que no son más que placas y silencio, a los poetas
que no son más que nieblas y silencio y a los jueces
silenciosos. Sube, salta, delira en las esquinas
y el día luminoso se resuelve en un dólar inminente.

¡Un dólar! He aquí el resultado. Un borbotón de
sangre.
Silenciosa, terminante. Sangre herida en el viento.
Sangre en el efectivo producto de amargura.
Este es un país que no merece el nombre de país.
Sino de tumba, féretro, hueco o sepultura.
Es cierto que lo beso y que me besa
y que su beso no sabe más que a sangre.
Que día vendrá, oculto en la esperanza,
con su canasta llena de iras implacables
y rostros contraidos y puños y puñales.
Pero tened cuidado. No es justo que el castigo
caiga sobre todos. Busquemos los culpables.
Y entonces caiga el peso infinito de los pueblos
sobre los hombros de los culpables.

Y esa es mi última palabra.
Quiero
oirla. Quiero verla en cada puerta
de religión, donde una mano abierta
solicita un milagro del estero.

Quiero ver su amargura necesaria
donde el hombre y la res y el surco duermen
y adelgazan los sueños en el germen
de quietud que eterniza la plegaria.

Donde un ángel respira.
Donde arde
una súplica pálida y secreta
y siguiendo el carril de la carreta
un boyero se extingue con la tarde.

Después no quiero más que paz.
Un nido
de constructiva paz en cada palma.
Y quizás a propósito del alma
el enjambre de besos
y el olvido.



***

BIOGRAFIA:

Pedro Mir: Poeta, narrador, ensayista, educador, periodista, abogado, historiador, Pedro Julio Mir Valentin nació en San Pedro de Macoris el 3 de junio de 1913. En su juventud ejerció el magisterio y comenzó a publicar sus primeros textos poéticos, aun no reunidos en libro.

Se graduó de Doctor en Derecho en la Universidad de Santo Domingo en 1941. Seis años mas tarde partió hacia el extranjero por razones políticas y de salud. Permaneció en Cuba casi veinte años. En la Habana publico, en 1949, su celebre "Hay un país en el mundo", poema que le daría prestigio continental.

A su regreso a Santo Domingo ingreso como Profesor de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, dedicándose a la investigación histórica y estética, al ensayo y periodismo literarios. Por su ensayo sobre la doctrina Monroe recibió el Premio Anual de Historia y con el extenso poema el huracán Neruda obtuvo el Premio Anual de Poesía.

En 1984, el Congreso Nacional lo declaro "Poeta Nacional", por la relevancia de su obra conjunta. En 1993 fue galardonado con el Premio Nacional de Literatura, que concede la Fundación Corripio y la Secretaria de Estado de Educación, Bellas Artes y Cultos desde hace años, por la obra de toda una vida.

La poesía de Mir canta a la colectividad en poemas que revelan su identificación con las mayorías oprimidas. El secreto de su inmensa popularidad que habría que buscarlo en su vocación libertaria y su continua protesta ante las iniquidades de una sociedad desigual .

Su narrativa evidencia en cada frase al poeta que mueve los hilos invisibles de los hechos. Escribe en un prosa lírica minuciosa, sostenido por los recuerdos del Macoris natal.

Obras
Hay un país en el mundo (1949), Seis momentos de esperanza (1953), Poemas de buen amor y a veces de fantasía (1969). Amen de mariposas (1969), Tres leyendas de colores (1969), El gran incendio (1969), Viaje a la muchedumbre (1971), Apertura de la estética (1974), El huracán Neruda (1975). Entre otras.

Manuel Rueda (1921-1999)


Manuel Rueda nació en Monte Cristi el 27 de agosto de 1921. Realizo sus estudios en Santo Domingo y Santiago de Chile, en donde se graduó también en los cursos superiores de música, ganando el premio "Orrego Carvallo" que otorga el Conservatorio al mejor pianista de su promoción.

A su regreso a la República Dominicana fue designado maestro de cursos superiores de música en Conservatorio Nacional de Santo Domingo, y luego director de esta misma institución, cargo que ocupo durante veinte años. Es considerado uno de los pianistas mas importantes que ha tenido el país.

Rueada dirigió en la Universidad Nacional Pedro Henriquez Ureña el Instituto de Investigaciones Folklóricos, realizando allí una labor de rescate y clasificación de nuestro folklore. En 1974 creó el Pluralismo, movimiento literario de vanguardia. Como escritor ha jugado un papel sobresaliente en el campo de la poesía, el teatro, la crítica, la narrativa y la investigación literaria.

Es Miembro Honorario de Facultad de Ciencias y Artes Musicales de la Universidad de Chile y miembro de Numero de la Academia Dominicana de la Lengua. correspondiente de la Española. En 1977 fue condecorado por el Gobierno Dominicano con la Orden de Duarte, Sánchez y Mella.

En seis oportunidades ha ganado el Premio Anual de Literatura, tres en poesía, dos en teatro y una narrativa. Desde su creación en 1981, es director del suplemento cultural Isla Abierta, del matutino Hoy. En 1994 obtuvo el Premio Nacional de Literatura que otorga la Fundación Corripio y la Secretaria de Estado de Educación Bellas Artes y Cultos.

En 1995 por su obra "Relato de la Pasión y muerte de Juana Loca", le fue otorgado el Premio Teatral "Tirso de Molina", que confiere el Instituto de Cooperación Iberoamericana, de la Agencia Española de Cooperación Internacional.

Obras:
La noches (1949 y 1953), Triptico (1949), La trinitaria blanca (1957), La criatura terrestres (1963), Teatro (1968), Adivinanzas dominicanas (1968), Por los mares de la dama (1976), De tierra morena vengo (en colaboración con Ramón Francisco, 1987).

CONOCIMIENTO DE ESTATUA
ELEGIA


A Franklin Mieses Burgos


“A la orilla del aire tú destruyes los pájaros”
Franklin Mieses Burgos


Hoy eres nada más que una forma
sollozando en los brazos de las cosas perdidas.

Hoy creo que eres sólo un contorno sangrante
sin una línea pura donde el cielo se caiga
a soñar el corneta liviano de tus lágrimas
y a darle aire a los pájaros ingenuos de tu canto.
Huérfana eres de una línea, cárcel para tu alma,
ahora sola sobre los caballos del Tiempo,
ahora fría en un sitio en que ni siquiera es fría,
donde ni tampoco es un témpano azul de madrugada
por falta de una mirada tuya que la recuerde.

Qué perforación del alba es, mujer, tu beso?
¿Qué mueca de esqueleto sin sombra tu sonrisa?
Ahora vives en el alfabeto de las cosas inútiles,
en la quietud de una sangre no cuajada de pena sobre las miserias,
en el fondo de una vena donde no se acuesta siquiera ni la muerte.

Eres un ataúd de soles humillados
en los cuales no cabe ni el resplandor oblicuo de lo que agoniza.
Qué guitarras toca la vida sobre tus ojos
y en qué momento ellos tocan sobre mi corazón, perdidos?
En qué marco de venas trémulas se encienden tus deseos
y en qué lugar de mi cuerpo se me someten ellos?
En qué orillas de luto tu silencio se degüella
para encender de voces esta lumbre desierta?
En qué deshielo pacífico tus entrañas últimas gotean?

Hoy eres una forma que no va herida de músicas.
Un ser que dejó de mirar la rosa como mano
para también dejar de verla como a rosa,
porque si no existen tus cosas más allá de su espacio,
más allá de su esencia de límites y tactos permanentes,
tampoco puedes amarlas en su misma presencia.
El árbol que ha dejado de ser ángel,
un ángel verde encima de todos los misterios,
ya ni siquiera encuentra tus ojos preparados
para la evidente armonía de su otro crecimiento.

Crecer ya significa encontrar otra forma,
reconocer preguntas donde el llanto se acaba.
Qué amplitud tiene el lenguaje de tu carne por el árido limbo de sus goces?
Un día llegará en que una línea crezca hasta ser planeta,
en un día aprenderemos qué número de estrellas han regado los árboles.

Hoy eres un espacio pleno de un solo sexo,
una nada que no quiere poblarse de semillas,
un gran vacío abierto que no se ha fecundado.
Piérdete en el goce andrógino de las substancias
y aprende como lo eterno a ser hembra y macho al mismo tiempo.
Ah, mujer, cuando tu alma se engendre en otro mundo libertado!

Entonces madurará mi amor.
Entonces seremos dos gotas parejas
en donde dormirán los crepúsculos perdiendo su horizonte.
Los planetas bajarán a beber a nuestro pecho
y sabremos por qué el mar entero puede cabernos dentro de una mirada.
Dios se va a entretener creándonos misterios para, que los descifremos.
Entonces, mujer, será cuando desembocaremos en el mismo Infinito.
Entonces será cuando vendrá el Tiempo, como un perro, a tenderse a nuestro lado.

Ay, amiga, si pudieras respirar más allá del aire.
Si pudieras soñar más allá del sueño
y más allá del sueño aún volver a despertar.
Si pudieras aprender a vivir más allá de la vida.
Ay si pudieras aprender a morir más allá de la tierra.

Hoy eres algo triste y entre sus sombras tapado.
Quiero descubrir tu rostro y está oscura la piedra.
Quiero saber tus voces y está vacío el eco.
De tu estatura el cielo no tiene ya memoria
y ni la tierra, en una cicatriz, ha guardado tu huella.
Quiero indagar sobre tu alma, hoy,
pero hace mucho tiempo que no se alimentan de ella los pájaros.

En qué lugar de mí existías entonces?
Qué lugar de mi amor te hacía saludable?
Qué hora marcaban las pestañas sobre mis pupilas
cuando el minuto de tu soledad me encegueció?
Cuál fué esa hora redonda como una luna de silencios
colgando en pesadez sobre mis párpados?
Mi mano puso un cálido enigma entre tu carne
y tu estatua siguió siendo de más barro que sangre.
Ya no queda ni el hueco de tu presencia en mi aire,
ni el tamaño de tu boca sobre mis palabras,
ni la obsesión de un color tuyo, náufrago en mis sueños.

Presumo que eres un agujero lleno de espumas blancas.
Adivino que eres un vacío en el vacío sin término de los olvidos.

17 de noviembre de 1944.


A LA POESIA


Voy hacia ti. Derribo los cerrojos
que guardan tu morada. Entreabro puertas
que dan a salas frías y desiertas
sólo encendidas por celajes rojos.

La memoria me guía, de tus ojos
la luz de tus verdades encubiertas,
y tiemblan celosías casi muertas
cuando voy tras tu soplo y tus sonrojos.

Dónde estás, dónde estás, tú, la que ansío,
forma de mi desvelo y mi vacío
susurrando en mis últimas estancias.

Dura carne de amor en el espejo
donde vives dormida entre distancias
entregándome sólo tu reflejo.



LA NOCHE ALZADA


Urdido soy de noche y de deseo.
¡Qué negro respolandor, qué sombra huraña
preludian mi nacer! En una entraña
de oscurecido asombro me paseo.

Buscador del contacto, lo que creo
vive en mis dedos como pura hazaña
de ciego amor y cuerpo que no daña,
adolescente siempre en su jadeo.

Con un rubor temido, con un miedo
de encontrarme la cara y la medida
del gnorado espacio en donde ruedo

justa en la luz y a su verdad ceñida,
alzo mi noche, -todo lo que puedo-,
ya sientiendo llorar mi amanecida.



FONÓGRAFO


Suena. Fulge el espacio y da notoria
vida a su oscuridad de objeto. Grises
rincones fluyen. Relieves. Matices
concretándose en duda y vanagloria.

Gira el disco. El es la única historia.
Patria audible, sus músicas felices
surgen de antaño a eternizar raíces
como árboles de pie por la memoria.

Pasados y futuros en ahora.
Siempre el mismo presente en esa aguja
llena de un tiempo que huye y enamora,

que circunda pensándose y me piensa.
¡Triunfo de lo sonoro! Se dibuja
la eternidad. Ya calla. Recomienza...



CONSEJA DE LA MUERTE HERMOSA

«Entonces la muerte le hizo una visita...»
Cuento folklórico


I


La muerte me visita cierto día.
Es hermosa la muerte: tiene senos
robustos, fino talle y ojos llenos
de un azul de cristal en lejanía.

En llegando ya sé que es muerte mía.
Con movimientos lánguidos y obscenos
me enloquece y sorbiendo sus venenos
siento, a ratos, que el alma se me enfría.

Lee mis libros, se adapta a mis costumbres,
repite mis ideas y sus gestos
ponen en mí gozosas pesadumbres.

Cuando se va, me deja bien escrita
su dirección y dice: «Un día de éstos
quiero que me devuelvas la visita».


II

Advierto, entonces, que ya no hay salida,
pues su mirada clara me importuna
y sé que cogeré, a sol o a luna,
el camino que lleva a su guarida.

Y aunque empiezo a engañarla con la vida,
a darme plazos, a pensar en una
tarde feliz de cara a la fortuna,
bien yo sé que la muerte no me olvida,

que tengo que tocar, al fin, su puerta
con la valija hecha y el sombrero
en la mano marchita y entreabierta.

Me despido de todos mis amigos
después de tanto ardid y a su agujero
húmedo me abalanzo, sin testigos.



© Manuel Rueda

Rafael Américo Henríquez

Rafael Américo Henríquez
ROSA DE TIERRA


ROSA DE TIERRA fue pez. Pez de la mar llevado por el viento a ser pez de la luna. Hoy es pájaro y sombra de pájaro. Los pájaros frustrados quedan siendo rosas de rosal. Un pájaro imperfecto ha de ser siempre una rosa perfecta.

Si Rosa de Tierra fuera únicamente pájaro, ella bebería de la luna y buscaría canción en los pechos de las doncellas. Pero además de pájaro, Rosa de Tierra es sombra de pájaro. De ello se deriva que, siendo Rosa de Tierra sombra de pájaro en vuelo, o en actitud de volar, o en actitud de dormir, malamente podría ser Rosa de rosal.

Los cabellos de Rosa de Tierra jamás han sido cauce de río, ni gajo de almendro, ni agua de montaña; y ello es así porque Rosa de Tierra jamás ha sido tierra concebida como tal, jamás ha sido vereda con soledad de cielo, ni surco de tierra de labrantío, ni espinazo embellecido por retazo de criaturas, ni sendero ceñido por sombras de viento de montaña.

Quien vacíe miel bastante a colmar una jícara de corteza, o trence agua con superficie bastante a contener la sombra de un pájaro, dará por cosa bien sabida que Rosa de Tierra no ha sido pájaro ni sombra de pájaro.

Y quienes hayan tomado enzeñanza de las estrellas de los siete mares tendrán por verdad comprobada que no hay pez de la mar que viaje a lomo de viento hasta mudar su condición de cosa marina en condición de cosa astronómica.

La figura de Rosa de Tierra es figura vaga, imprecisa, derretida como los bronces de los crepúsculos.

Las posturas y las actitudes de Rosa de Tierra guardan gran semejanza con las posturas y las actitudes de las hembras posibles, únicamente, en luces y sombras de recuerdo.

Las hembras que van por los sueños de los que sueñan son hembras como todas, hembras como las que beben de los ríos y orillan las orillas de los senderos. Sus manos se muestran húmedas porque han padecido ilusión de atizar deseos exigentes; y si dan prueba de desgana de danzar, cuando la luna se posa ebria sobre un gajo del almendro más alto, es porque pecarían sabiamente si escaparan de la nasa de los sueños.

Rosa de Tierra no ha pecado pecados de la carne. No ha yacido donde yacen las aguas. Las reacciones de Rosa de Tierra han sido reacciones de gran candor; han sido como sería la leche de una cabra que fuese ordeñada mientras cantara el gallo de Belén. Los pezones de Rosa de Tierra no han sido gotas de sombra roja. Cuando el anochecer ha parpadeado con párpados de plata de estrellas, las manos de Rosa de Tierra no han sido como arañas que arañasen sobre plata de estrellas, ni como arañas que fuesen como candeladas o que trepasen hilos de luz invisible.

Sería demasiado figurarnos a Rosa de Tierra desnuda, puesta en pie y sorbiendo miel a orillas de un mar con sombras de pájaros mudos. Y demasía mayor, concebir a una Rosa de Tierra que hiciese porque tal postura fuera espejada por espejos de agua elástica.

Si la lágrima de ahora no fuera el retorno de la lágrima que vimos mientras cantaba o se astillaba o se dormía en retinas borradas ya por la muerte, puestas más allá del círculo que van trazando los pájaros del río por realidad de ausencia; si no fuera esta lágrima de ahora la lágrima que rodó como nube sobre el júbilo de nuestra madre o de nuestra hermana, sería lágrima vulgar, sin méritos capaces de sensibilizarnos; y si no fuese porque el paisaje, quieto ahora con quietud de oveja dormida, ha de subir a nuestros ojos detalles de otro paisaje y a nuestra sangre música de otras estrellas, cerraríamos los ojos negados a ver lo que hemos visto tantas veces. Y la luna, que ya rebasa las campanas del campanario y que cuando los ríos ennegrezcan será lámpara para los pájaros de las montañas, sería paja de horizonte si no fuese porque lo vamos viendo no es la luna actual, sino la luna vista ya en horas de antaño y cuya lumbre alcanzó modos de enredarse en las escenas que hacían nuestras abuelas, o nuestras madres, o algunas de nuestras tías, cuando atolondraban como mariposa en busca de buenos hallazgos para que no lloráramos.

Las campanadas de una campana que tañese asfixiada por el revoloteo de los vencejos, serían pura ficción como campanadas de campanas. Cosa así le ocurre a Rosa de Tierra en su marcha hacia personaje de poema. Rosa de Tierra es pura ficción como personaje cierto, concreto, sensible a palpo de playa con bulla de veraneantes.

Unas manos deshilachan luz recia, luz torrada por las distancias del mar. El litoral padece orfandad de pájaros de mar. Falta el detalle, de belleza frívola, que caracteriza los litorales con ocio de señores que han amasado fortuna.

Las manos se van comunicando del algo postizo, de belleza madura, de ademanes que siempre les fueron ajenos.

Y para que el fenómeno se realice, ha bastado con que hubiese ausencia de pájaros que vuelan con gran majestad y lanzan gritos de júbilo como si lanzasen pedradas.

El litoral sin pájaros, sin vuelos de mucha lentitud, como si fuesen nubes que volasen, hizo bosquejo. Bosquejo de Rosa de Tierra como personaje de poema. Lanzó los inicios de un personaje que fuese realidad y estímulo de recuerdo.

Durante años Rosa de Tierra es esbozo de personaje de poema. Las raíces de sensibilidad resultaban con cualidades de azogue, incapaces de concreción, de quietud meditativa.

Y los caminos pasaron a enrojecer; y las piedras criaron barbas de musgo; y las estrellas lamieron sobre las piedras y las campanas de los campanarios. Fueron cosas ociosas, escapadas de significado de que les alcanzaba como integrantes de paisaje inútil.

Las muchas mudanzas mantuvieron a Rosa de Tierra como esbozo de personaje de poema. El bosquejo, concebido como luna que nunca cambiase y llevado a la realización con trazos de monotonía severa, para un mostrenco, en cosa sin armonía de línea, en proyecto al aire, en sueño sin basamento lógico. Había desniveles y resaltos violentos. Rosa de Tierra cuajaba como fuerza que mudase siempre y que siempre estuviese inmóvil, estática, atada a sí misma. Cuajaba en pez, en pájaro y en sombra de pájaro. Y el pez era pez de la mar y pez de la luna. Y el pájaro y la sombra de pájaro no fueron sino canto de tierra. Canto de la tierra tomado por pájaro y sombra de pájaro.

Como canto, Rosa de Tierra era emoción con riego de volver a pájaro y a sombra de pájaro. Era canto inestable, quebradizo como gajo de árbol que ha proyectado sombra sin laxitud de tregua. Había desniveles, resaltos violentos entre el canto y la fuerza que lo originaba.

Era mezcla sin pureza de ligazón. Bosquejo con invalidez, sin posibilidades de marcha, sin modo de llegar a realidad con rasgos firmes, con psicología definida, con personalidad propia, capaz de concitar, en su contra, los celos de las estrellas académicas.

Las aguas muertas son aguas con flores que agonizan en busca de expresión, que padecen agobio de mudez, que mueren porque no han de decir cómo es la luna, ni cómo son las estrellas. Allí la sombra y los silencios podrían turnar cual música de mar o cual música de canción, sin que el paisaje sufriera mengua en la sinfonía de sus perspectivas.

Rosa de Tierra siente lástima de sí. No ha de encarnar sino en persona de moza con brazos aptos para levantar cosechas; o en persona de moza que ha de cantar para que los aquejados de invalidez de andar, sepan dónde van quedando las revueltas de los caminos de la marina.

Para que Rosa de Tierra sepa cámo es la lucha y cómo son las estrellas, será menester que Rosa de Tierra sea realidad y estímulos de recuerdos.

Un horizonte reflejado en el ánimo de los niños, ha de ser necesariamente rotundidez de afirmación o de negación. Ha de afirmar o de negar las delicias imaginadas durante el lapso de horas de clase. Si el horizonte es horizonte desnudo de nubes, será afirmación de retozos, de gritos que han de durar mientras dure el crepúsculo. Si el horizonte visto desde más allá de una ventana y mientras se hace aritméticas amenaza con que ha de llover durante las horas de asueto, será negación de retozos, de gritos que han de durar lo que dura el crepúculo.

Lo bello es sensación amable para el ánimo de las criaturas; pero sensación captada, como si lo fuere desde las ventanas de una casa que girase, como si les viniese de un jardín con trasunto de juguetería.
.
Los recuerdos son pájaros que vuelan en círculo sobre las entrañas de los niños; pero pájaros que no se posan porque el ruido de posarse podría despertar algo que duerme, algo que los hombres se han dado en llamar infancia.

El factor belleza empieza cuando empiezan los recuerdos. Es sombra proyectada por semilla que llegó a ser fronda de árbol, mientras la luna fue danzando arrebatada por la música de los años que ya se han vivido.

Los recuerdos van a todos. Son como si fuesen estrellas que visemos siempre durante las noches, y con sol todavía llegándonos de rechazo, de rebote por haber querido ser badajo de campana; son como niña que anduviese sin susto de lo miserable, porque fuera ciega; y sin asquear de las llagas de los llagados, porque como cosa que anda ciega ha de andar con estorbo de rocío en los palpos y con estorbo de luz en el sentido del olfato: Los recuerdos no hacen distingos. No dicen aquí sí, allá no. Son como viajeros que llegasen atraídos por la lumbre de una sola bujía, o que cantasen imanados por infantes, c por ancianos en aguardo de que la muerte llame a las puertas de sus pulsos.

Rosa de Tierra entró en jerarquía de personaje de poema por accidente fortuito. La simetría, la correspondencia entre los tonos y los movimientos del mar le dieron enseñanza; modos de ser, a la vez, realidad y estímulo de recuerdo. Habiendo sido pez de la mar y pez de la luna, pájaro y sombra de pájaro, le había dado cumplimiento a las leyes de la preceptiva. Había quedado lograda la fantasía que ha de alcanzar a cualquier Personaje de poema.

Crío pringoso en calle de arrabal.

Una señora que por allí acertara a transitar, y que mientras transitara viera, aunque fuese por primera vez, al crío puesto sobre un fondo de pregones, podría ser gobernada por atracción extraña, por Corrientes que buscasen cauce en chico con mugre en la vestimenta. Y la fuerza, el fluido determinante, podría ser lanzado a correr por identidad de parecido entre el Chico mugriento y otro que viviera circuido por suavidad de luz recatada, y que fuera llevado por la muerte, porque la madre, que tuvo ternuras de madraza, no tuvo por imprudencia de mucha gravedad el entonar canciones de cuna, le manera que las canciones ascendieran hasta rebasar las tejas de los tejados.

Cuando las canciones de cuna ascienden hasta rebasar las tejas de los tejados, la muerte, quien es siempre como loba que ronda en busca de presa, busca disfraz en cosas inocentes, Se disfraza de luna o de estrellas; y, escondida en halos de luna o de estrellas, baja sin ruido, sin que se aperciban las aspaventeras, Y, coma sueño que anda- se, se cuela por las junturas de las ventanas que quisieron cerrar. Y en las cunas que han de quedar vacías, habrá mucha angostura para las campanadas de tantas campanas.

Perfecciones en las líneas del dibujo facial; o boca, que para dibujada, fueran menester lápices de estrellas; o fallas en los modos de andar, de reír o de estarse quieto, podrían ser puentes para cruzar zonas oscuras, para que un crío que jugase con pregones, sirviéndoles de fondo, cruzase a ser el estímulo de recuerdo.

Como era de todo rigor que Rosa de Tierra encarnase, sin que quedasen fuera realidad o estímulo de recuerdo, fue Rosa de Tierra a todos los ojos y de todos tomó ojos propios; y fue a todas las manos y de todas tomó manos propias. Y como la luz hace la sombra, Rosa de Tierra se hizo y fue persona de hembra ventanera.

Siempre asomada a ventano con grosuras de hierros y flores de jazminero.

Lo físico en Rosa de Tierra es de gran paradoja. Armonías inarmónicas, perfecciones conseguidas por acumulación de imperfecciones, afirmación de belleza negada por estetas con bizquera trasmitida durante siglos.

Un pintor hábil haría retrato de Rosa -le Tierra mientras durmiese, mientras los recuerdos soñasen.

Una luna que no diese lugar a confusión, que fuese luna sin dar barruntos de ser otra cosa, le vendría mal a Rosa de Tierra. Sería como lámpara sumergida en un mar con estrellas y con pájaros que volasen desde una torre.

Días con sol redondo y vientos de sequía, han traído al ventano polvo de la marina. Pero como el polvo ha de ser polvo, que no persona, lo que pudiera creerse como dicho por Rosa de Tierra, y lo que lleve indicación de ser como dicho por persona que hablase con Rosa de Tierra, no serán sino pensamientos de Rosa de Tierra, expuestos a modo de conversación, ya que Rosa de Tierra es soledad sola, soledad sin presencia de personas ciertas.

-Los hombres conocen una luna de verdad, cromadita, cierta, buena para sacristán dado a requiebros.

-Yo conozco a la que encoge en tus ojos, y descoge descendiendo a tu boca, y no queda allí, sino que baja a las manos o retorna a los ojos.

-Nunca será igual. Para unos seré en los ojos, para otros en la boca, Para otros en las manos.

-Y siendo uno, he de ser yo el de los ojos y el de la boca y el de las manos.
-Serás lo quo eres. Tierra, polvo de la marina, traído aquí por sol y vientos de sequía.

-Polvo... Seguirá volando.

-Hasta la luna... que conozco. Es como una hermana. Hermana única para mí que no he tenido hermana. Ella va mudando en las cosas que yo voy imaginando. Es criatura con consciencia, con gozo de ser criatura; esto es, criatura desnuda, porque ya que el alma no tiene cosa que la cubra, las carnes inocentes han de ir descubiertas. Cuando no, es como mar que diese flores o flores con distancias de mar; y camina, para andado, sin que sea menester ir andando; y torre que hablase, y río que cupiese en el hueco de una mano.

-Es el eco de tu propia persona.

-Si. Eco llevado a forma sólida, dura, palpable.

-Pero siempre en la sangre de todos.

-Y siempre allí, sin salir, aunque salgan las estrellas y alumbre la luna.

-Y aunque el amor cante como cantan las campanas del campanario.

-Si eso ocurre... ha de venir la muerte. Siempre acude llamada por las campanas de los campanarios.

-El amor le hará miedo, le dará espantos.

-Sabes de ensalmos?

-Sé de amor.

-La muerte es noche cuando el amor es día.

-La muerte engaña siempre. Ha sido invento mío para que la mentira quedase inventada.

-Entonces... Les mentira eso del cementerio?

-Mentira.

-Yo. .. pensé que la tierra era para que luego no sintiera frío.

-Pensaste sin engaño.

-Y pensó que fueras tú...

-Pensaste lo que soy. Soy la que tú has enterrado y la que han enterrado y han de enterrar todos los hombres.

-Pero... jamás te he besado.

-Si. Ya. Me besaste por las orillas de todos los caminos; y como si los caminos son muchos, las orillas son más, los besos fueron tantos que de ellos cayó sangre. Sangre como el agua que dan las piedras de las montañas.

-Lo he olvidado.

-Los besos no recuerdan. Por eso se besa de nuevo.

-Si te besara... ¿Olvidaría que te he besado?

-La luna hace siempre el mismo Canino y siempre piensa: ¡qué bello! Pude haber venido antes.

-No mezcles la luna. Es sombra que rastrea por los caminos de la tierra, y por los caminos del mar.

-Y yo sombra de la suya. Y sombra de moza, y sombra de barbas de abuelo.

-Bésame. Busco que brotes de mí como brota el humo de las candeladas.

-Eres tierra, polvo de la marina traído aquí por sol y vientos de sequía.

-Soy carne en tus pechos. Aunque yazga en el fondo de los mares, habré de calentar tu lecho cuando duermas.

-Cierto. Eres ya o seré carne en mis pechos; y ellos calientan el lecho mientras duermo.Te he dado lo que eres: tierra... a ti y a todos los hombres. El futuro fue senilla, para que yo fuese hembra y sombra de árbol y lumbre de luna. Todo queda en mí, y todo corre fuera de mí. Soy cuerpo sólido y sombra de cuerpo sólido.

-Posible. Soy polvillo de la marina, cosa mínima sin sangre para que beban las raíces de los árboles. Los vientos me han traído aquí y me han llevado allá. Me han arrojado sobre copa de árbol y sobre manos en espera y sobre canción de camino. Y llevado y traído, he sido muchas cosas. He sido nivel, para que guarden un mismo nivel los ríos, los mares y la luna. Y de ello he sacado que todo ha de ser posible.

-Porque somos cosa idéntica. Tierra, polvo de la marina, y polvo de la luna, y polvo del mar. Vas a donde voy; y quedo yo donde quedas. Somos los sueños y la carne y la sangre de todos los hombres.

-Quizás... habrá algo imposible: son muchos los caminos Para que tú seas tantas cosas a la vez.

-Soy Para que los caminos de la tierra y los caminos del mar sean caminos borrados.

-Cuando la muerte sea mentira, han de sobrar todos los caminos.

-La he inventado yo Para que la mentira quedase inventada.

-Y sin inventar la verdad, la mentira ha de ser verdad y la verdad mentira.

-Todo ha de ser recuerdo. -Sin que nada quede.

-Algo ha de quedar. Han de quedar los pensamientos; porque andando sobre los pensamientos, llegan los recuerdos.

-Y por caminos de pensamientos, llega y asoma la luna.

-Y llegan y asoman las estrellas.

-Y los hombres marchan como si no machasen, y sueñan como si no soñasen.

-Todos se empeñan en ignorarme. Se figuran que soy como fruta de árbol, que cae porque ya ha madurado; y que el mar es el mar, y la luna, la luna.

-Y que ellos son hombres, y sus sombras son sombras de hombres.

-Y que los recuerdos llegan a ellos y de ellos salen como las palomas llegan y salen de los campanarios.

-Y que lloran, porque lloran. -Y ríen, porque ríen.

-Y no porque recuerdan.

-Y que serán como canciones, cuando las canciones de ahora sean todas palabras, todas estrellas; porque las estrellas fueron palabras que jamás retornaron.

-Palabras de ternura, o de odio, porque volando hasta allá, las palabras que salieron de los odios, de ver la tierra tan lejana, son ya palabras de amor... Son ya recuerdos.

-En eso aciertan. Serán recuerdos. Hoy todavía recuerdan o creen recordar. Mañana serán recuerdos.

-Marcharán sobre sus propios pensamientos.

-Como llega y asoma la luna.

-Como llegan y asoman las estrellas.

-Los que te trajeron, hacen por arrastrarte. -Si. Me arrojaran sobre copas de árboles y sobre manos que esperan y sobre canción de camino.

-Será así; porque los hombres marchan sobre los mares, y sobre la tierra, y sobre los sueños que sueñan. Golpean los caminos cuando creen haber alcanzado mayor quietud; cuando beben o están en aguardo del fruto de la compañera. Y tú, volando y volando, les darás ilusión de reposo, de quietud hogareña, y yo, de que los recuerdos son como el ganado que ellos gobiernan o como el agua que beben cuando les quema la sed.

-Me empujan ya.

-Y yo, quedando aquí y tú, yendo a donde te lleven, seremos cosa idéntica. Realidad y estímulo de recuerdo, tierra sobre los que mueren y luz sobre los que han de nacer. Luna, mar, paisaje y palabras hoy y risa mañana y lágrimas siempre. Lágrimas caedizas y lágrimas que no se lloran.

-Porque decimos callando, y lloramos sin que se vean las lágrimas y cantamos con lágrimas lloviendo sobre el júbilo de cantar.

-Cuando las palabras y los ademanes y los sueños son de verdad: cuando los recuerdos son recuerdos.

El ventano con grosuras de hierros y flores de jazminero pasa a ser luna con belleza y alas de pájaro. Y la luna, que ha sido luna de todos los caminos, no remonta con ruido de pájaro que volase, sino que asciende en gran silencio, como si la ascendiesen vientos de sangre. Y ascendida más allá de nubes que fuesen posibles como tales, es lámpara que alumbra, con sol brillando, a los que viven; y noche ya, a los que duermen sin fatiga de soledad interior, sin cansancio de ir sobre sombras de seres y de cosas. Es ya luna alta, ingenua, leal. Es Rosa de Tierra.



© Rafael Américo Henríquez

Domingo Moreno Jimenes

Domingo Moreno Jimenes
EL POEMA DE LA HIJA REINTEGRADA


I

Hija, yo no sé qué decirte si la muerte es buena
o si la vida es amarga;
sólo te aconsejo que despiertes, adulta de
comprensión más que tu padre!

II

Hija, ya no habrá oriente ni poniente para tu porvenir:
una sábana blanca serán tus días,
una sábana blanca será tu pasado
y tu recuerdo una estrella que frente a frente
me iluminará el porvenir!

III

No sé por qué tu agotamiento
me trae una recóndita dicha anegada de lágrimas,
que me hace amainar la pulsación de la tarde.

IV

Tu infancia y tu silencio me parecen hermanos.

V

Hija, hazme tomar la resolución de los otros:
vuelve mi proa añicos
y mi voluntad una piragua;
que nada sea mío desde hoy, que no quiera poseer nada mañana;
desnudo de bienes y desnudo de virtudes hazme;
sin egoísmo de lealtades y sin egoísmo de pureza;
hazme entero el milagro de darme todo a los elementos,
como si fuera sustanciación del ser increado...

VI

Tu vida fue microscópica, pero grande;
el segundo de tu existir, eterno!

VII

Hija, cuántas nubes,
cuántos pájaros,
cuántos horizontes insospechados me abre en el amanecer tu ruta!

VIII

Hija mía, para ti la mañana no será clara ni fresca;
verás envuelta el alba en la noche,
y las cosas de mayor transparencia
tomarán ante tus ojos la actitud de un largo crepúsculo.

IX

En este mundo donde sólo se premia la capacidad de fingir mejor,
era justo que llegaras, y después de breves instantes,
ya estuvieras confundida con la cal y con la
mariposa, con el carbón y con la piedra.

X

¡Cómo me alivianas la sombra, al advertir
desde que te dormiste que en mi
derredor todo es sombra!

XI

¡Oh tú, que me enseñaste desde que naciste
a ver la vida con ojo más sabio
y a la humanidad con ojo más triste!
Triste, triste; ¿y no es acaso la suprema alegría
de los seres mudables el ser tristes?
Triste fue la faz de la tierra cuando se
desperezó el primer hombre!
Triste tiene que quedar la tierra cuando se
desentuma en su regazo el último hombre!

XII

¡Oh, tú, que desde que naciste pude decir: boleta de tumba!
Oh, tú, que ya crecida pude decir, por tu desvalidez,
la preferida mía!

XIII

Por ti quise cambiar y que la fortuna me sonriera;
por ti no cambié
y la fortuna no me sonreirá nunca!

XIV

Hija, cada vez que examino tu vida
me doy cuenta que tú eres como mi vida:
una sombra entre dos crepúsculos!

XV

Iba a decir entre dos agotadoras auroras
y ya ves, reicindí, sin querer, entre dos crepúsculos!

XVI

¿Por qué tan pura, tan casta y tan leve, te
debas parecer al crepúsculo?

XVII

Olvidaba que toda adjetivación es cruel y ruda:
Dios dio desnudo a los hombres el verbo,
y del lenguaje, sólo debe quedar desnudo el verbo!

XVIII

Toda filigrana de síntesis es una profanación
¿verdad, hija mía?
Ya no te puedo buscar sin parcializaciones,
sin atributo contingente:
¡será en mi incompleto nombrar, sencillamente,
el vaho de las cosas!

XIX

No te puedo asir con una palabra,
y no debe extrañarte recónditamente,
porque estás para mí más alta que la región de las palabras!

XX

Y vuelvo a caer en las comparaciones.
¡Oh, hija, cuán subordinado estoy a la vida!

XXI

Miserable hombre que osa creer que
después de la sombra la vida es vida!

XXII

De imperfecciones se forman nuestras excelencias
y es toda la existencia del hombre un brazo tendido
hacia el turbio porqué de los enigmas.

XXIII

-Tiene el pulso demasiado débil,
pero este letargo no es la muerte-.
Su médico era mi propia almohada de cabecera
y yo quedé perplejo ante su callado
sufrimiento y la miseria de la vida!

XXIV

Si fuera bizco de pensamiento
y tuviera la boca siempre llena de mentidas palabras;
hija, iba a blasfemar por tu dolor...pero, ¡perdona!

XXV

¡Compran caro el suelo donde colocan a los muertos,
y ellos son más dueños de la tierra que los hombres
que comercian con ellos!

XXVI

¡Al través de los milenios, los hombres son puñados de tierra
que se deforman a su antojo!

XXVII

Hija, ya me han avisado que tus pies están fríos.
Hija, resígnate a que lo blanco no sea blanco
y a que lo negro no sea negro!

XXVIII

Hija, ¡cuánto crece el sol sobre la sombra de los tilos,
cómo se agiganta la nada sobre la soledad
de tu aposento,
cómo nace y renace la esperanza por entre
los ámbitos de la vida!

XXIX

-Tibien la leche, terciada con agua,
para si mi chiquitita despierta.
Cuídenmela, hasta que se vuelva esperma
como capullo inmortal el cuidado.
Ella es carne de mi vida, flor de mi
pensamiento, cemento de mi alma.

XXX

(¡Eres, amada mía, como flor del higüero joven,
como el azogue del crepúsculo,
como la diafanidad de la Naturaleza toda!).

XXXI

No seas padre; sé hombre,
sencillamente.
¡Gira tu vida a tu derredor
y que tu amor a una abstracta "Humanidad"
no te haga olvidar jamás de que eres hombre!



© Domingo Moreno Jimenes

Tomás Hernández Franco

Tomás Hernández Franco
YELIDA



UN ANTES

Erick el muchacho noruego que tenía
alma de fiord y corazón de niebla
apenas sospechaba en su larga vagancia de horizontes
la boreal estirpe de la sangre que le cantaba caminos en las sienes
En el más largo mes del año había nacido
en la pesquera choza de brea y redes salpicadas casi por las olas
parido estaba entre el milagro del mar y el sol de medianoche
de padre ausente naufragado
nadador ya de algas profundas y arenas sorprendidas
de escamas y de agallas y de aletas
Era el quinto hijo para el mar nacido
y Erick creció en su idioma de anzuelo y de corriente
fuerza de remo y sencillez de espuma
como todos los muchachos de la playa
mitad Tritón y mitad Angel
Pero Erick no sabía nada de eso
-pulso de viento y terquedad de proa-
aprendió los nombres de los peces de las puntas y cabos
la oración del canal y la bahía
a los quince años conocía mil golfos
y sin contar el ya remoto y salobre seno de la madre
ni un solo pensamiento de Noruega
le había caminado entre las cejas turbias
En un anual calafateo de lanchas
llamas de estopa y brea
Erick tenía veinte años y era virgen dentro de sus botas de hule
y creía que los niños nacen así como los peces
en las noches quietas de los reposos del mar
pero el tío piloto contaba entre dientes largas historias de islas
con puertos bruñidos y azules
donde centenares de mujeres desnudas subían carbón al barco
donde había pájaros verdes hirviendo de palabras obscenas
y donde en la noche florecía el burdel con hondo aliento de tam-tam
El tío mascullaba una lejana canción de sol y cocoteros
en lengua que no podía ser noruega y que ponía
en el pulso de viento de Erick pequeños remolinos
A los veintidos años Erick tenía la mirada gris azul
densa de su alma puesta en dique
y una voluntad de timón y de quilla
donde -decía el tío- las noches olían a cedro
como las barricas de ron
Erick sabía que los marinos noruegos
siempre desertaban en las islas
pero cuando estaban bien borrachos
los capitanes los metían a patadas
en las bodegas sucias y entonces volvían a Noruega
flacos y callados y tristes
Con todo y las patadas el marinero Erick ya estaba en ruta


OTRO ANTES

Esta no es la historia de Erick al fin y al cabo
que a los treinta años ya no era marinero
y vendía arenques noruegos en su tienda de Fort Liberté
mientras la esposa de Erick madam Suquí
rezaba a Legbá y a Ogún por su hombre blanco
rezaba en la catedral por su hombre rubio
Madam Suquí había sido antes mamuasel Suquiete
virgen suelta por el muelle del pueblo
hecha de medianoche a toda hora
con el cielo y el filo de menguante turbio
grumete hembra del burdel anclado
calcinada cerámica con alma de fuente
himen preservado por el amuleto de mamaluá Clarise
eficaz por los años a la sombra del ombligo profundo
Erick amó a Suquiete entre accesos de fiebre
escalofríos y palideces y tomaba quinina en grandes tragos de tafiá
para sacarse de la carne a la muchacha negra
para ahuyentarla de su cabeza rubia
para que de los brazos y del cuerpo se le fuera
aquel pulido y agrio olor de bronce vivo y de jungla borracha
para poder pensar en su playa noruega con las barcas volteadas
como ballenas muertas
Pero Suquiete lo amaba demasiado porque era blanco y rubio
y cambió el amuleto de mamaluá Clarise
por el corazón de una gallina negra
que Erick bebió en viernes bajo la luna llena
con su tafiá y su quinina
y muy pronto los casó el obispo francés
mientras en la montaña el papaluá Luipie
cantaba el canto de la Guinea y bebía la sangre
de un chivato blanco
En la noche sudaba fiebres y marismas
Erick sin sueño marinero varado sobre la carne fría
y nocturna de Suqui
fue dejando su estirpe sucia de hematozoarios y nostalgias
en el vientre de humus fértil de su esposa de tierra
y Erick murió un día entre Jesucristo y Damballá-Queddó
apagado el pulso del viento del velero perdido en el sargazo
su alma sin brújula voló para Noruega
donde todavía le quedaba el recuerdo de un pie de mujer blanca
que hacía frágiles huellas en la arena mojada


UN DESPUES

Y así vino al mundo Yelidá con un vagido de gato tierno
mientras se soltaba la leche blanca de los senos negros de Suqui
alegre de todos sus dientes y de su forma rota
por el regalo del marido rubio
y Yelidá estaba inerme entre los trapos
con su torpeza jugosa de raíz y de sueño
pero empezó a crecer con lentitud de espiga
negra un día sí y un día no
blanca los otros
nombre de vudú y apellido de kaes
lenguas de zetas
corazón de ice-berg
vientre de llama
hoja de alga flotando en el instinto nórdico
viento preso en el subsuelo de la noche
con fogatas y lejana llamada sorda para el rito
Los otros sólo tuvieron la sospecha de un peligro cercano
mientras Suquí descendía su alma por los caminos de la noche
en su entraña y engordaba en su alegría de matriz de misterio
ternura de polen en su hija de llama
para cuyo destino no tuvieron respuesta el gallo y la lechuza
ni sabían nada el más sabio ni el más viejo
Los peces lo sabían y la noche y la selva y la luna
y el tiempo de calor y el tiempo de frío
y el alma de guerra del pantano
y el dios que enmaraña las raíces y las empuja fuera de la tierra
y el macho y hembra que en los cementerios
enciende fuegos verdes sobre el vientre helado de los muertos
y el que está en la garganta de los perros lejanos
y el del miedo con sus mil pies y su cabeza cortada
Y esta quiere ser la historia de Yelidá al fin y al cabo
Tacto de clave
flanco sonoro al simple peso de la mirada
paladar de fiera
cuerpo de eterna juventud de serpiente nuevo para cada luna nueva
completa para siempre como el mito
hermafrodita en el principio del mundo
cuando descuartizaron a los dioses
enigma subterráneo de la resina y del ámbar
pacto roto de la costilla de oro
traición hembra del tiempo libertada


UN PARENTESIS

Los liliputienses dioses infantiles de la nieve
los viejecillos vestidos de rojo
que sacuden la niebla de sus barbas
y los que soplan sobre las letras sin rumbo de las veletas
los habitantes del rescoldo
los del viento ululante
los que dibujan las árticas auroras
los dioses de algodón y de manzana
que tienen largo el sur y corto el norte
los que sobre la tímida y verde vida del musgo verde
resbalan y juegan con las flores del hielo
los hiperbóreos duendes del trineo y del reno
supieron la noticia en lengua de disueltos huracanes lejanos
Sangre varega en la aventura de cosas de hombre
por cosas de mujer se trasplantaba
en islas de caracol y de pimienta
perdida iba a quedar para su ártico
en el flotante archipiélago encendido
vegetación de pinos ordenada
perdida iba a quedar para su lucha
de olas aceite y peces
perdida iba a quedar para Noruega
en las islas de fuego condenada
Viajeros por los hondos caminos del subsuelo adornados de tumbas
donde dialoga el fósil con la raíz podrida
y el hueso suelto espera la trompeta
y se hace oscuro el secreto del agua
que lava las pupilas insomnes del mineral perdido
por la grieta y la gruta y el estrato
los dioses de leche y nube con el sexo del niño
buscaron al otro dios de los mil nombres
al dios negro del atabal y la azagaya
comedor de hombres constelados de muertes
Wangol del cementerio y del trueno
del dueño del ojo vidriado del zombí y la serpiente
Buscaron a Badagris dictador de la puñalada y del veneno
espíritu suelto de los cañaverales
donde el tafiá es primero flor y luego miel
el padre del rencor y de la ira
el que enciende la choza al leve contacto de su mano negra
y viola a todas las niñas en el vientre de las madres dormidas
Buscaron a Agoué dios ventrudo del agua
mitad evaporado al sol de brasa
y mitad prisionero del pantano
aburrido de moscas y de olas
en su casa de vientos y de esponjas
Buscaron a Ayidá-Queddó que es la que pone
a arder la lámpara roja del estupro
la que en el hondo vientre de la cueva del bongó
mantiene las cien serpientes locas del dolor y la vida
la que en la noche de Legbá suelta los perros del deseo
la que está partida en dos mitades por el sexo infinito
maestra de la danza sagrada para llegar hasta ella misma
domadora del grito y del espasmo.
Implorantes de llantos en sordina
casi borracho ya de olor de isla
los dioses de Noruega pedían salvar
la última gota de la sangre de Erick
la escandinava inocencia de una gota de sangre
Hablaron con los ojillos azules entornados
mientras la sangre se les iba haciendo de plata derretida
porque Ayidá-Queddó bailaba en el canto del gallo
con los senos brillantes de sudor y de estrellas
Pero aquella noche Yelidá había tenido su primer amante
estaba tendida y fresca como una hoja amarilla muy llovida
adolorida sin dolor casi despierta en la hamaca de un sueño tibio
le vivía tan solo un golpe amado de tambor en las sienes
y en el vientre se le dormía la música y la danza
Por los caminos de la lombriz y de la hormiga
rota toda esperanza regresaron


OTRO DESPUES

Con calma de araña para el macho cómplice del espasmo
Yelidá por el propio camino de su vientre
asesina del viento perdido entre los dientes de la gruta
ahí se estaba vegetal y ardiente
en húmeda humedad de hongo y de liquen
caliente como todo caliente
cosa de hoja podrida fermentada en penumbra de tiempo y luna
hecha de filtro y de palabra rara
en el agua del charco con su verde y su larva
y su ala a medio nacer y su nadar de meteoro
Yelidá deshojada a sí y a no
por éxtasis de blanco y frenesí de negro
profunda hacia la tierra y alta hacia el cielo
en secreto de surco y en misterio de llamas

FINAL

Será difícil escribir la historia de Yelidá un día cualquiera




© Tomás Hernández Franco
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TOMAS HERNANDEZ FRANCO
Nació en Tamboril, Santiago el 29 de Abril de 1904. Poeta, narrador y ensayista. Murió en Santo Domingo el 1 de septiembre de 1952.

OBRAS:

POESIA.
Rezos Bohemios. Santiago: Tipografía La Información, 1921.
De amor, inquietud, cansancio. París: Editorial Les Essais Libres, 1923.
Canciones del litoral alegre. Santo Domingo: Editora La Nación, 1936.
Yelidá. San Salvador: Ediciones Zargazo, Talleres Gráficos Cisneros, 1942.
CUENTO.
Capitulario. Santo Domingo: Impresora Dominicana, 1921.
Cibao: Narraciones Cortas. Ciudad Trujillo: Editora Sargazo, 1951.
ENSAYO. La revolución más bella de América. Amberes: Imprenta M. Frenay & Ch. Jorssen, 1930. Los dos años del gobierno del presidente Trujillo. Santiago de los Caballeros: Imprenta La Información, 1932. El cuarto año del gobierno del presidente Trujillo.Santo Domingo: Talleres Tipográficos de la Vda. García, 1934. Apuntes sobre poesía popular y poesía negra en Las Antillas. San Salvador: Publicaciones del Ateneo de El Salvador, 1942.

Freddy Gatón Arce

Freddy Gatón Arce
VLIA


Poema para la quinta hoja de un trébol cualquiera



1. Oído inescuchado

Los espacios aquietados, azules de enclavados astros, dan su violeta a la torre invertida del cielo. La torre, extática, muda, salta nerviosa en sus risas y gemidos, como mama tallado de virginidad. Cantar de los gallos espada la vigilia y el mundo noche de todos los donceles.

La vida ha perdido un inconsciente de por qué la vida. El traje color rubor de timidez quedó destrozado en el valladar de los ojos. Clavada torre en el mar de los sueños remolino de sangre de la sensitiva, blancor de olas altas llagadas como la incertidumbre, o dos pavores y cinco pétalos caídos traéis a Vlía.

Las cintas grises de la ciudad interior crúzanse desiertas. A trechos regulares espigados señores negros asoman su cabeza de ojo macilento. Y el gato negro acecha...

Vlía anda como el viento ¡es el viento! que sopla hacia el mar. Vlía: mar de angustia. Se azulan sus pasos. Anochecen sus cabellos de tanto ser la noche. ¡Y el gato negro acecha! (Vlía, todo un gato de Noche).

El almendro se desprende de sus pupilas. Los ojos rodantes de la playa buscan su órbita amarga.

La arena: rastro de vientos; fatiga de pupilas; sudario del mar; espaldas de Vlía: Vlía.

La dama blonda Vlía de amarillez de verde es indiscreta: su lengua de plata cuenta cosas al oído inescuchado párpado de toda quimera: Vlía.

2. Rocío subrosa

Nosotros. Ya no sucede nada. La mar no tiene remordimientos y la brisa no la despeina. Un saludo queda suspenso en las miradas, en las búsquedas íntimas, y no hay más que nosotros. Nosotros: Vlia, tú y yo, que nada sabemos, ni siquiera sonreimos de una vida a otra, y pensamos como si fuéramos uno, uno solo que se desvive en el cielo, de todos los días nublados por azules. Nosotros ya no queremos ni siquiera mirarnos a través de las pupilas azules. Estamos como si fuéramos dos ojos, cuatro y cien corazones desplegados. Ya no podemos más, y Vlía y tú lo comprenden perfectamente. No nos encontramos ni en el cáliz de la redoma de la bruja cargada de lavandas. Creo que nuestros ojos están fatigados de las distancias recorridas, y que no podemos vindicamos en los sueños cargados de rocío febril. Iremos navegando en el mar de todos los sinsabores cuajados de dulzuras y de todas las sagrados mentiras. La vela que asoma a lo lejos Vlía y tú y yo, gaviota de horizonte se ha engrandecido de

vientos para adentrarse en la ría de canalados sentires. Nosotros, ¿qué esperamos de nosotros? ¿Y de ti? ¿Y deVlía? Estamos situados en la infinita distancia de la cercanía y ni siquiera sollozas. Las lágrimas se hicieron para la fuerza. Tendremos que inventar una nueva telepatía de las almas para encontrarnos extraterrenos, o subrosa como quieran los hados de todos nuestros deseos, de los deseos tuyos, de los deseos de Vlía. Ya no podemos cargarnos más de mentiras inclinadas de ojos y dedos de frentes cuidados de cabelleras invisibles. Debemos irnos viendo en ese mapa que carece de posición fisiológica: corazon. Quiero queremos tú y yo y Vlía lo sabemos bien: siempre lo hemos querido en todos los anhelos borrados de sueños que nos vayamos adonde tengamos lo que nadie sabe, lo que todos hemos sabido desde antes de conocernos. Porque ni tus ojos, ni los ojos de Vlía, ni los míos, están espejando nada, ni siquiera a nosotros, Vila. Yo quiero que lo sepas que lo sepamos ya nada acelera mi corazón.

3. Desgarrados cristales

Que se detengan todos: Pájaros anclados en el aliento; espejos con empaños de vidas húmedas. Que se detengan todos: Universo, Sol y luna; los astros y la imagen gota de rocío de arcoiris en la siniestra flor de cinco pétalos; los ojos que brotan de las órbitas infinitas para eternizarse en la visión del jardín, la fuente muda, los perfumes definidos,Vlía y tú, y las margaritas que caen sobre el almohadón desesperado mano crispada que se detengan. Que se detengan todos. Y la jaula que vuela en la pupila encarcelada y la rosa amarilla cesen en su Vaivén de congojas. Que se detengan todos, porque el demonio quiere soñar y yo, Vlía, lo poseo persiguiéndolo por la pradera de verdeante púrpura apagada. Ahora él sueña ¡como si fueras tú, Vlía!, sueña en mí: ritmo interior de todas las mariposas;

Aquella niña del pájaro clavado en todos las emociones de la vida perdida de quebrantos verdaderos olvidados de perfumes idos en la belleza de las palabras, en el oleaje de las penumbras quebradas de rocas llovidas, como de la mano de una paloma o de un almendro partido por los rayos del sol relámpago de luz en los desgarrados cristales; aquella niña: recuerdo sacudido en mis oídos vueltos vientos armoniosos de campanas; aquella niña que llena el alma de todos los cipreses mejores y largamente encumbrados copa abajo; ésa que nos transfigura,Vlía, cual si estuviésemos en el fondo de la mar sentados: cabelleras sueltas a todas las corrientes; a ésa que yo pienso en mi locura, como a ti, endemoniadamente colérica: sonrisa desguindada de la forma del lacayo eterno guardián durmiente; a ésa que juega en la mesa de horizontes como cabelleras de rosas, el triángulo diverso de la feminidad: verde aridez de primavera dormida en las conciencias ausentadas del poema luz de las miradas, los lentes equívocos de vigilias ahumados; la del respirar de yodos níveo-azules; a esa asomada hacia la silla coja de mil pestañas dispersas; a ésa que yo poseo

como al demonio, como a ti, urgido por todas las locuras, pasajeramente...

A ésa la sueño despertando cuando el paisaje de las miserias des-ciende para angustiarse en los músicos: peldaños de árboles nacidos en las noches de todos los hombres que no caminan como las piedras, bajo las aguas...

4. Inefables rutas

Un silencio estrangula la garganta de luz inventada: el patio interior amanece una sonrisa de primavera; las pestañas marco alado trajean de verde su rojo de ojos cerrados; la mano de fuego ennegrece los párpados transparencias recién nacidas de inquietos pájaros umbrosos. Vlía: Alucinacion.

Lo he intentado muchas veces, demasiadas, ¡tantas que ya los sueños protestan! Jamás quise pedir nada; sólo un recuerdo en nombre del amor, un recuerdo. Que tuviera un desmayo la resistencia, que dejara su cabeza degollada sobre un tronco lánguidamente, y que la brisa se hiciera fría, más fría bajo el árbol de la incomprensión, porque los desesperos hielan la tarde. No he pedido a los pechos un sube y baja de hipocresía, ni a las gasas manchas de sangre, como un dolor a dos negaciones. Sólo pedí la presencia de un pasado: un otoño sin hojas secas, preparativos matrimoniales, ni corduras que se sustituyen. No puedo aguardar el retorno de un alma rota sobre la almohada de dos huecos, uno que no es mío, para entonces devolverla ungido por mi ardor. ¡No aguardo nada! El labio de la luna no miente en la quimera: de noche sus llantos, Señor de sus vigilias, y es tuya cuando está dormida. ¡No quiero aguardar nada! La cita, renovación de la imagen, la he entregado al aire para enseñar los astros, porque por sobre el amor resultó pura. ¡No quiero aguardar nada! Ni la reconstrucción. Sobre el dedo de las ruinas sólo el recuerdo debe levantarse: presentimientos vagos de reconciliación: ignorar de seres encontrados en inefables rutas. ¡No quiero aguardar nada! Ni la llegada del agua que no tiene los campanarios de los floreros, ni la sublime emanación de los colores. ¡No quiero aguardar nada! Sólo las grandes horas que se olvidan por soñadas.

5. Sueño eclosivo

Para el amor todo se hace breve lentitud. La inconstancia no mira en la habitación obscura, ni se explaya en la furia. Luceros sin almendros perjudican la profesión de adorar. No mueven al odio salvador del hastío. La realidad precisa un natural encantamiento inferior, emocionado, al reverso de los ojos, intensamente. La madrugada pertenece al gato negro viejo habitante de lo apacible se queda en la azotea húmeda órbita de la noche raptada al cielo. Danza y otros pies habitan su frenesí. La pena no sonríe, ni ciena. Ni melancólica quietud n albor de ruiseñores, suenan tres perdones en la ventana quebrantamiento de la cita lunar y las cortinas.

Ojos de imágenes sagradas quedan sepultados en las conquistas sin copas que calman los grises de aire hasta la aurora. ¡Todo quedará distinto! Lejana reconstrucción del mundo, sucinta arista de la mudez, y tú, intachable en la propaga. ción del vicio. Para nacer escogeremos la perla del campanario nadando en la alborada suave admiración de la caída. Floreciendo todo, n<>Raro infierno

Aquí, sobre las rocas, o allá, donde el horizonte florece velas, un crimen es necesario. Para el color de la imagen, un crimen. Nos acer-caremos una y otra vez a esa delicia -dios nectario de la sofocación y fiel a mi constante tristeza te dejaré intocada. Fuente de caracol en la ruta, nos acerca irremediablemente, como un amago de soledad que viste comprensión de colores. Sonrisa no frecuenta las almas sin fe, ni el desvelo. Las campanas tendrán que no caerse más a los pies desangrados del atardecer, de cordura embriagadas. Tendremos dos, tres, y algunos más imaginados horizontes para ilusionamos. En la locura un presagio de religión es conveniente. Mas, por sobre todo lo disgregario de la brisa, la obsesión del crimen debe persistir, intensamente arraizada en la piel -corcel con pasos de caracol donde las almas jamás se vuelven temerosas. Un crimen blanco, un crimen de frenesí que nos separe de la vulgaridad. Una sangre que nos lleve sin caer en el hastio hasta él, en cada emoción que se pierde por conocida. Nosotros recorreremos el arcoiris. Un arcoiris nuevo a cada explosión. Irse de las olas al sol, brizna quebrada de reflejos en las rocas sin movedizas ilusiones, alas en los corazones que saben crearse un amor. Nosotros no debemos satisfacernos, una contemplación basta a las sangres

que dislocan en las calles como naranjas heridas de pudor en el jardín tapiado. Pero estamos muy cerca o muy lejos de la realidad que nos conmueve: el crimen, y hay que decidirse a ser locos o todas las sábanas protestarán de sed. Pintemos el sol como si fuera el ojo de la montaña o decrecer de los almendros cobijados en el estío. Pero no, tú estás sin sobresaltos vivo coral a flor de tierra y otras tantas tonterías en las estrellas invisibles.

Para que el sueño se realice faltan todas las cosas incompatibles con la angustia, y ella está ausentada de este o de aquel cielo que me frecuenta. Si estamos junto al demonio, no hay que jumar nada a la noche ni a las almas vacías. Para que los perros no roben nuestra atención, los ahorcaremos en cualquier rama de las manos intangibles, y el insomnio de la víctima tendrá sabor de hiena. Lo más adecuado es trajearse de algas. ¡Cuántas cosas hacen un crimen! Ahora la molestia de distraer mis ojos en la tienda del mar, mis inmersiones no requieren fondo preciso, ni clima antiguo. Te contentarás con desnudarte, porque la indecisión turba los sentidos. Pero, ¡el crimen! ¿Dónde está el crimen? Otra pasión ya no conmueve. Las personas, ¿por qué nos dejan solos? Una protesta, por que la soledad siempre acompaña al crimen y nosotros debemos ser distintos. Excluiremos la soledad de nuestros cálculos. Así estaremos mejor, un poco más solos. Entonces el crimen no llega. Para mí, el crimen, de lo contrario nos quedaremos sobre el césped. Ilusionarse con el cielo acontece todos los días. Olvidar es cruel en tu presencia. Olvidar una rosa por marchita ocurre a todos los floreros, y yo sólo luzco una flor que nace de cualquier im-pertinencia de los ojos: el crimen botona en las pupilas. Un instante sin precisión de calendario duda y queda a los pies pasaj ería sin destino- y el crimen se acepta o tortura. Hay que ofrecerse en una quietud callada, un beso haría perder la realidad ambiente. Debemos sentirnos como un vals. ¿Oyes? ¡Qué bien se escucha el silencio de las olas! La actitud hay que mantenerla: un beso nos haría seres abandonados en una habitación estrecha; nosotros tenemos otros recursos. Aguardemos, el crimen requiere ser catado, lo contrario seria desbordamiento de sirvientes y los arrecifes se extienden en tu cabellera. Toda la augusta exquisitez del alcohol hay que recibirla con la irreverencia de un sentimiento cualquiera sin la ridiculez de los días señalados en Agosto, Abril o Mayo. Las flores precisan luceros titilantes de emociones decepcionadas sufrir de mariposas somnolientas en la tarde cuajada de pintores, almendros sin luz de alcobas dormidas. Para la perpetración del crimen estamos aquí, sin ti y sin mí. Incubar huesos y hacerlos pulular por los aires como mensajeros del Señor, es nuestro desti-no. Esta es tu comunión con lo irremediable. Yo he tenido muchos crímenes. Dejar que el nuestro se realice prontamente sería darle la razón a los pájaros enfebrecidos de la luna. Ellos dan Diciembre a cada amor, y no debemos fatigar sus labios. Hay que dar a los párpados la natural posición del sueño; así todo brillará mejor, casi interiormente. Las sirenas no tienen por qué angustiarse; nos urgen y la impaciencia puede agostar nuestro deleite. La

psicología del crimen nos tiene atrapados, y es cruel una amargura en el áire. No es posible irse en las algas alrededor del mundo; en las gaviotas del horizonte las penas se internan todas las quejas tienen una preñez de angustia. Nunca procuro situaciones futuras a mi corazón, su latido podría desmayarse en una mentira. Por eso, sí, hay una, otra y otra y muchas más. Ella, ellas, no intervienen ahora. Sería un proceso lento sumar tantas estaciones para crearte una primavera. Hagamos un amor como nosotros mismos, que se detenga a dos pasos del pecado. ¿El crimen? El crimen sólo preocupa a los hombres, y nosotros no los vemos. Estamos con el único Juez verdadero, el nuestro. ¡No hay por qué llamar! Has asomado Mujer en mi. ¡Calla! Mañana no hay que hablar del pasado. Toda ridiculez de hoy quedará cal en las grutas -copas de alzadas ilusiones en las esferas. Por otra parte, la almohada debe abandonarnos; sólo las piedras se convierten en pesadillas de filos rosados agradable intención de los demonios. Después del crimen, un delirio mayor propician las abejas. Apóyate en mi hombro para darle descanso a tu corazón bajo la sombra de una chimenea. La incongruencia es notable: los sueños jamás lloran humo hebra del aire tejedor de árboles. Ahora, presenciemos un desfile de guijarros y pies heridos bajo el agua del cielo, recuperemos los ojos, recojamos los párpados: las tinieblas deben reinar con todo su atavío. Para ser los ebrios eternos, cultivemos vid en un juego de campanas pequeñas y grandes aridez en el día de muertes. Procurémonos un momento puesto que la detención del reloj es necesaria en el despilfarro de la adolescencia. Por sobre todas las torpezas, un presentimiento de Reina de Saba y Príncipe Azul, debe protegernos. La humildad de la cuna no se opone a la exploración de otros campos. Para una mayor exaltación, vistete de sueño, así la brisa no tendrá reparo en desnudarte. Evitar una jugarreta del discernimiento requiere un manotazo al sol, la luna y las estrellas se prestan más a un encantamiento. Un riachuelo nos haría música adecuada a la entrega. Para que tu languidez cobre expresión de ángel, reclinate en una palma cualquiera, sus hojas te darán la insensatez de su vaivén. Una vez retornada la cabeza, piérdela de nuevo en un cruzar de campos siempre cubiertos de verde invisible sentido del locuaz candor que no redime.

Despójate de todas las vestiduras que son los padres y un hogar honorable, para la vehemencia. Ya estás pura, para el amor. Un volar de ciudades y paisajes, y el tren no se detiene. Un sueño más, y otro sueño. Todo en una sucesión sobresaltada. Nada va a la tierra. Danza, pies, divinización. Médula, cabezas sin troncos, crimen. Pesadilla, borrachera, adolescencia. Lo vertiginoso intenso interior se impone. Todo corre, vuela, se transforma; los árboles se detienen para un roce en el rostro acompasado. Algo quiere amanecer, una confusión terrible lo revuelve todo, y por sobre todo, el galope, el galope, el galope. Lo indecible, a ratos tiene un visaje y el dormir tiene una ligera transformación de miembros. La sábana una y otra vez se convierte en alas de la ventana abierta y el galope se fatiga, calma. Ciudades, paisajes, árboles, toman la placidez de una

definición. El sueño toma un ritmo infinito de aroma en la amarga sonrisa insatisfecha. Y todo es suavidad de esperanzada confianza en el durmiente.

7. -Nada emocionada

Lo quieren saber los demonios que se cobijan en mí. Extienden sus alas a cada golpe del corazón. Las quimeras rotas como cuerdas de guitarra sin ebriedad interminables copas de luceros árboles sedientos dcl viento de infinitos labios. Ya nadie te recuerda en la indecisa hora en que te haces prolongadamente mía. Todos ignoran que los sueños son yerbas florecidas de hielos despiertos en la encontrada realidad, obscura sombra que se refugia bajo el pez de aguas cristalinas. Ya ni siquiera respiras por inconsciente, ni te únes a las vigilias de suenos de dos. Ellos se escurren por una luz retrocedida. Esto no es todo puesto que cada mañana te vuelcas tras la montaña. Entonces te contemplo bajo olas que se estrellan en el firmamento de aguas enloquecidas por el viento, rompiente que carece de sentido de sed agudizada. Los olivos nos dejan sin perfume de sacrificios llevados como espantapájaros al mundo porque los mañanas aún no me tienen logrado hasta la perfección de la irrealidad, porque tú no te ahogas en el pecado de Cristo, y todo se pone azul como palabras de veneración. Te conduciré a procesiones que no te avergúencen en las noches que son como blasfemias al transporte de la realidad; a los pájaros nocturnos como vigilia de ruiseñores bajo ventana de colores. Ya no te escurres de mis brazos invisibles porque te han llegado demasiado lejos y no me dejas en la pesadez que sacia. Tu flor no tiene ese color que te hace indefinible bajo el árbol de ramas febriles, como el mar de corales sangrantes sobre la yerba, extendida. Nos iremos alejando como palmeras bajo un mismo sol de Mayo desflorado en la noche de los sepultureros sin vidas que cultivar, pero debes sustraerte a esa realidad que te hace tan negativa o la pesadumbre que me deja como un niño sin voz. Te alejas de todas las cosas que antes te hacían visión desordenada de pequeñas satisfacciones humanas, con unos lentes y una viudez inventada. Te dejaré sin vida en mis noches que te hacen en verdad ángel de alas cuadradas, la tierra está volcada en mí como en un cubo. Nos quedaremos así a dos pasos de la muerte natural que proporcionan los sueños y muy lejanos para guiñarnos un ojo. El mundo se desboca hacia ti, como si no estuviera regenerado por el bautismo como tres lirios bajo la sombra de cosas irrealizables. Ni siquiera suspiras de suficiencia descontrolada y eres un devenir de música sobre los papeles. De tanto respirar ni siquiera te vuelves humedad de sueños que no te transformen en sometida. Te veré .en todos los corredores que desembocan en el vacio, más allá de las cosas que nos aguardan siempre por eternidades dormidas en los muelles sobre la desesperación. Te esperaré nos esperaremos bajo las aguas que el demonio no estrangula por diurnos y nos iremos juntos tomando pétalos incompatibles para conocernos mejor bajo bombillas que se sustituyen en calles cuajadas de perros. Tú

convendrás en que nos odiamos porque somos orgullosos de las tonterías que nos hacen humanos, siendo dioses destronados del cielo. Debes comprender que las muertes se suceden como presagios que no se colman nunca en penas ni lágrimas, ni rocíos del viento; debes comprender que las palabras se han vuelto una verdad humana dificil de compensar como un alero de palomas enamoradas. Tú ni me miras con tus ojos de muerta que camina hacia la gloria de mis vigilias, porque estamos distantes a dos primaveras y mucha realidad duerme aún en el pesebre de la Anunciación. Deberías irte de rodillas hasta mi infierno de luciérnagas y desposarte con una flor cualquiera que no trasnoche como las llaves en el jardín rodeado de espejos. Entonces vendrías a mí salvada de tantos obstáculos que te hacen bella. Deberías dejar de recorrer mis intrincadas esencias porque me estoy fatigando de tantos pasos bajo pupilas de angustia, porque no podemos irnos en el espacio tras las campanadas, ni quedarnos en el bronce de los fieles. Tenemos que procurarnos un ambiente distinto bajo el regocijo de saberte desconocida e inlíegada. Jamás tornarás frente a mis ojos que se quiebran como el vidrio en el niño emocionado. Tu deberías volver a angus-tiarte como antes bajo el penar de las almas felices, cuando un purgatorio sin fuegos quemaba las angelicales sonrisas de los condenados. Si perseveras nos hallaremos a vuelta de esto o de lo otro que no tiene cambio. Me está urgiendo parecerme a lámparas alucinadas quereflejan las yerbas amarillas bajo el estío. Ven para no quererte más inalcanzable en la flor celestial en una tarde florida de hundidos cementerios. Ya todos ríen con esa frialdad que dan los mármoles bajo las bóvedas, sacrilegios de gusanos como hombres de mil pies gastados y muchas genuflexiones; estaremos viéndonos en el espejo que son las mariposas del sol y no podremos irnos como los pájaros.

No podemos más. La vida pesa demasiado. Es una tristeza doblada en las cavernas que avanzan. La noche no se puede detener en una esquina cualquiera. Debe ser que a nosotros nada nos une, ni siquiera los pensamientos. Debiera irme como perro a la sombra de los casas, hurgando en los zafacones. Es imposible quedarse bajo lo azul y tenerte presente o estar triste. Trataré de darte otra silueta para imaginarte mejor. Todo quedará como árboles ardidos hacia los venas frías. Ya que estamos en el cementerio, un coloquio con los muertos confortaría. Aquí todo es igual, la tradición fría desconoce el sol de las transformaciones. Si miras a la derecha, nadie ultraja la humanidad del algodón, ni a la izquierda un chaqué crea odios. Aquí debimos haber nacido: la música siempre es escuchada, un viraje al Norte o al Sur para agradar con otra melodía, y no hacen falta oídos ni manos para templar cuerdas, ni aliento para estridentes sopíos. Todo es nuestro, un ritmo muy tuyo, muy de aquel, muy mio, y todo descansa en una igualdad serena. Pero ya estamos bajo el árbol elegido; nuestra primera incursión aquí termina.


© Freddy Gatón Arce

Lupo Hernández Rueda

Poemas de Lupo Hernández Rueda

DEFINICION DEL ARBOL

I

Es natural que el árbol abandone su cuerpo.
Mariposa de tránsito, venturoso existir
de la hebra pura,
el árbol que yo canto es una débil llama,
un alma vegetal que se elabora apenas.

Herida por el goce la savia, donde habita,
desnuda la corriente de su madera toda
para que un mar posible de sombras la sitúe.

El árbol sabe entonces,
que la raíz de aire de sus ramas
asciende, sostenida en atinada claridad de sombras,
de otra raíz oculta.


II

Canto el árbol a solas
en la sangre,
el árbol que se escapa
por la herida del cuerpo.

Canto el árbol azul de la ignorancia
que me recorre entero,
árbol de sombras sólo,
de oscuridad exacta.

Canto para cantarme,
para cantar el árbol en que habito,
la dulce morada solitaria del cuerpo que me tiene.

Canto porque deseo,
porque quiero vivir, amar,
andar libre,
sin peso por el árbol.


III

Cuando ama el árbol se deshace, huye,
proclama su levedad de hojas,
publicación de verdes regalados o canción diluída,
deleite de su rama carnal,
de su escondrijo de azuladas raíces en espera.

Cuando ama el árbol se diluye
en alegre corriente de la madera dulce.
Cuando ama el árbol del amor...

Hueco de soledad que te pronuncia a solas,
quizás, el árbol del amor duerme en olvido,
en apretada soledad más pura.
Porque el oro de mi risa no basta para llenar su límite,
se abre como un sol para ofrecerse entero cuando ama,
el árbol del amor.


IV

Hay almas que no mueren en las hojas del canto
aunque no encuentren otra manera posible de escapar,
aunque no exista otro refugio,
apetecido vaso, ardido recipiente,
olorosa unidad de carne viva que ocupe su lugar,
su desmedido espacio, porque una muerte existe
en cada hoja vacía de substancia,
y una huidiza llama.

Hay almas que se pudren en las hojas del cuerpo
por su origen oscuro,
porque después, pudiendo libertarse,
darse a todos, sin interés ni esfuerzo,
asumen la condición de pájaros comunes.

Hay almas que se nutren a la sombra de todos
con los apetecidos metales de la sangre,
de cuantos, humanamente sanos, confiados,
se acercan a su espacio para entregarse solos
a su gran apetencia.


V

Es posible que el árbol sepa entonces
que atado definitivamente al mar de soledad que habita
carece de toda libertad
para decir las cosas que humanamente vive repitiendo.

Es posible, oh Dios, crecer cada domingo en
desmedido arroyo de alabanzas.

Es posible, oh vida, que el árbol de la sangre se derrame
y el universo todo de mi isla sea pequeño para su inacabado límite.

Es posible, oh sangre, que dolorosas hebras
formulen una noche más honda que la nuestra.
Pero también, oh libertad, es posible
que el árbol conmovido, tomando agudas fuerzas,
-no sé de dónde-, acierte en una furia libertada
y con ello motive su justo crecimiento.


VI

Porque las raíces de los árboles todos
pululan en lo oscuro,
en el vientre crecido de la tierra.
Porque una lluvia de hombres se traduce
en finísimo polvo,
la tierra estará llena de raíces amargas,
de inacabados ríos de lágrimas.

La alegría de los frutos,
la rosa regalada,
la humedad de los huertos,
la fiesta de oro de los días alegres
ignoran la raíz, su propiedad de abeja,
porque la raíz es un árbol de sombras,
es un árbol de sombra rodeado de oscuro.

Pero todas las humanas raíces se aúnan
en un río de trabajo
en la noche completa del árbol.
Y la madre de todas, las amorosas madres
esperan una muerte, una ola de savia en fruto consumada,
su semejante amando, que respire unidad
en un río subterráneo interminablemente largo,
como una noche más en la noche de todos.



Como Naciendo Aún

A Luis Morales Peña

Como naciendo aún, sin descanso, contínuo,
interminable,
como un río sin bordes,
cae, se precipita, rueda
cada día dejando su negrura como polvo
en mi piel.
¡Oh, la desesperante levedad de mi cuerpo,
mi llama temporal, ni oleaje de polvo!
¡Oh, tiempo, ven, ocúpame, recórreme
por dentro, acógeme en tu océano sucesivo,
porque voy por tu herida deshaciéndome,
formándome de nuevo,
dehaciéndome,
hasta que por mí quedes,
definitivamente solo!


PEQUEÑO MUNDO MAGICO

Con el dios de mil tallos de sus hebras
formando cien anillos,
formando laberinto que cubre tus orejas
y rodea tu garganta, y cae
sobre tu espalda, suavemente;
y va rodando
múltiple, innumerable
sobre el incendio de tu cuello
el pelo tuyo,
pequeño mundo mágico
donde me pierdo, encendido.



CUANDO LLEGAN LOS MUERTOS

A Virgilio Díaz Grullón


Cuando llegan los muertos
y han llovido sobre ellos muchas lágrimas,
cuando sobre sus rostros, alguna vez hermosos,
se pasea la noche,
y la hierba crece como sus cabellos;
cuando llegan innumerables
y establecen su asiento bajo el pasto viviente,
bajo las catedrales
y los árboles,
sus cuerpos endurecidos crecen
en la inmovilidad,
en el umbral de la memoria
como un beso,
como una moribunda llama.
Sólo la sombra de sus vidas queda
sobre la tierra,
y el deseo
y el sueño de los vivos,
y el Tiempo que ni muere ni padece,
y la sedienta Muerte
como de una cuerda
tirando de nosotros.



POR EL VIRAJE BRUSCOY POR EL LEVE


A Manuel Rueda


Era la soledad,
la soledad sin habla y sin pupila.
De allí fueron las aguas,
de allí tomó la vida su elemento primero.
Lo inicial,
lo oscuro sin medida
asequible a todo lo viviente,
en su estar mudable y numeroso
procuraba una forma
No había lugar al árbol de la llama
ni al odio, ni al amor;
el cielo era sombra libre,
sombra espesa la tierra sin contornos.


II

Tal apresuramiento, tal alcance de premura
por el viraje brusco y por el leve,
en la seguridad de aquel encantamiento,
de aquella dulce alegría del nacer.
(Crecer es ir despacio haciéndose
una medida del vivir)
¿Dónde, oh, dónde estábamos,
qué hacíamos entonces,
qué milagroso sueño nos daba resistencia,
o qué piadosa muerte desatada?
Es preciso recurrir al corazón,
es preciso recurrir al amor para justificarnos.
(Vivir es tanto como andar sobre la tierra
aparentando una figura).
En vano, ay, en vano todo, amor,
en vano tu sueño generoso
y tu dulce madero consumido:
la noche espesa
y la libre
y la ambulante noche nuestra,
así como la inevitable noche de la muerte,
con brusquedad, ya dulce,
suavemente turbaron la sensación del vuelo.
Hemos quedado sin origen,
ungidos en eterna, generosa ignorancia.
Hemos quedado reducidos al corazón.


III

Fluye la noche,
fluye su persistente material,
su oro escondido,
su raiz.
Ligeramente, imperceptible casi,
cuando la agotadora sed del corazón
prefiere las tinieblas,
el fiel olvido en la llamada
de los labios que se fueron.
Bienaventurados aquellos
que pueden andar serenamente,
porque hay alegrías donde los caminantes
se hunden para siempre.
Hay un hermoso mar,
un claro cielo que justifica este existir
y un deseo precipitado en el oscuro espacio
que le tiene al reino solitario del cuerpo sometido,
y una insistente noche
y una muerte como un árbol,
porque este aire pesa
y esta piel
y estas uñas
y estos dientes
y esta lengua pesa
y este pelo dormido largamente,
y este andar,
ay, este andar así, a oscuras.


De "Círculo y otros poemas, Antología poética de Lupo Hernández Rueda", edición y prólogo de José Alejandro Peña)


© Lupo Hernández Rueda

jueves 3 de abril de 2008

0.1 Cuatro Poetas

Franklin Mieses Burgos
Manuel Del Cabral
Freddy Gatón Arce
Antonio Fernández Spencer

***

Franklin Mieses Burgos [1907-1976]
ESTA CANCIÓN ESTABA TIRADA POR EL SUELO

Esta canción estaba tirada por el suelo,
como una hoja muerta, sin palabras;
la hallaron unos hombres que luego me la dieron
porque tuvieron miedo de aprender a cantarla.
Yo entonces ignoraba que también las canciones,
como las hojas muertas caían de los árboles;
no sabia que la luna se enredaba en las ramas
náufragas que sueñan bajo el cristal del agua,
ni que comían los peces pedacitos de estrellas
en el silencio de las noches claras.
Yo entonces ignoraba muchas cosas iguales
que eran todas posibles en la tierra del viento,
en donde la leyenda no es una hierba malacrecida
en sus riberas, sino un árbol de voces
con las cuales dialogan las sombras y las piedras.
Yo entonces ignoraba muchas cosas iguales
cuando aún no era mía
esta canción que estaba tirada por el suelo,
como una hoja muerta, sin palabras;
pero ahora ya sé de las formas distintas
que preceden al ojo de la carne que mira,
y hasta puedo decir por qué caen de rodillas,
en las ojeras largas que circundan la noche,
las diluidas sombras de los pájaros.


© Franklin Mieses Burgos

***

Manuel Del Cabral
EL HUÉSPED DE PIEDRA

Recordando el tatuaje ritual de los marinos
los náufragos de ojos redondos como el miedo,
firman con arañazos en mis carnes su nombre.
Pero un náufrago terco de mar equivocado por mi sangre,
arañazos me hace tan secretos que me llena de hondas
escrituras de clave.
Huésped mío, ¿qué buscas?
¿qué quieres, que a fuerza de ser mudo
me golpeas como un odio sin puertas?
¿Qué más quieres?
¿No oíste? ¿No me oyes?
¿Son tan hondos tus ruidos?
¿Qué cincel hace tiempo le da golpes azules
a esta piedra triste tirada aquí... mi cráneo?
Ahora tú, tú sola.
¡Oh muerte que me pones ya tan joven!


© Manuel Del Cabral


***

Freddy Gatón Arce
POEMA DE LA LUZ

PRÓLOGO

Te lo he dicho muchas veces: yo he amado
con voz jamás escuchada hasta entonces en sueños,
en sueños que buscan la pureza de la forma apetecida.
Yo he amado con sangres como nubes, como praderas
todas llenas de llamas y animales antiguos.
Mas un amo de carne lleva su hueco frío...
Ahora soy una ardiente suavidad de huesos hechos flor y aire.


EL POEMA

Te lo he dicho muchas veces, y el corazón es un espacio
donde los tiempos, cautivos, se aventuran.
Se aventuran por ti, ay, cautivos, vuelven al gran tiempo
que es tu pureza y tu mayor deleite.
Esa eres tú: la más bella aventura del cuerpo,
el júbilo que a veces corrobora la más honda agua de tu sueño,
y yo no lo sabía. No sabía cómo obtener el tú que te hace hermosa,
cómo llamarte Luz si no eres día y noche.
Pero eras mía desde antes de que mis ojos fuesen míos
desde antes de que mis labios fuesen míos para tu nombre,
Y no hay holgura. No hay hondura mayor que recordarte
y mirarse tan basto que hasta la misma savia es ruda en primavera.
En primavera, cuando entre árboles circula una vaga urdimbre de frutas
con la misma inquietud que un pájaro en los versos.
Oh pudorosa, gran testimonio mío y de todo,
es muy difícil conservar la pureza del júbilo después de haber amado.
Tú lo sabes, lo he hecho muchas veces: yo te aparto
como Dios aparta su perfección, a fuerza de preguntas y respuestas.
Dios todavía ignora cuántas lágrimas bastan para que un amor sea hermoso, para que un amor tal vez sea hermoso.

Yo no puedo decírtelo, alma mía. Pero cuando un amor nace
hay una multitud de cosas que quedan como muertas.

Mira esa isla. Su muerte no crece de la luz;
es en la luz su propio crecimiento.

Y a aquél. Sí. Míralo. Cómo simula un huerto del mar,
de ese mar que se dice, que nos dice la heredad de los cielos.

Su angustia, ¡desnúdate alegría!, no es el inicio de la inteligencia deseada,
que es la rosa en pájaro y hueso compartida.
Tómalo. Suéñalo, oh jubilosa, tú que eres dulce y tierna,
manantial y delirio que ignora la manzana.
Ponlo junto a tu cuerpo como un ungüento más para mis manos.
Lo alzaré a tu cielo, y verás que también hay árboles diversos en la tierra.

Te lo he dicho muchas veces: eres mi salvación desnuda.
La mejor parte de ti se eleva indefensa para mi poesía.

¿Qué puedes hacer? ¿Qué puede toda la luz contra tanta belleza como lazo?

Recuerda que en el poema no hay amistad para la mujer.
El poema es una de aquellas cosas que quedan como muertas.
Como muerte, porque con él percibimos la presencia y el tiempo.

Un poema no es el gran tiempo aquél de que te hablaba, ni eres tú.
Es lo que abunda después de despojarse de todo lo que es nuestro.

Por eso dicen que es el cuerpo el que hace la muerte.
Que la vida es cuando la forma persiste.

Yo no lo creo. Hay mucha realidad como posible salvación desnuda.
Mas, ¿qué es una salvación posible, desnuda?

Yo quiero que me digas: cuando se habla de la muerte,
¿acaso es el cuerpo el artífice total de nuestro mundo,
o es entonces cuando sabemos que la duración es cosa pura,
y en nombre y llama cae por su interior desnudo?


EPÍLOGO

Esto, tú lo sabes, te lo he dicho muchas veces:
el amor es un monstruo
que exige el sacrificio de todas nuestras criaturas,
y yo amo la poesía. La amaba desde antes de decir: «Sea la luz».
Amar es preguntar y ver que todo continúa en su tiempo, amada.
Y por esto me tumbo y murmuro en tu oído:
querida, tú eres todo lo que yo esperaba —y sigo esperando.



© Freddy Gatón Arce

***

Antonio Fernández Spencer
LA MUERTE

La muerte viene, sí, con resplandores,
con el hueso del hombre de la esquina;
trae las discusiones del periódico, la política
y el nudo aquél del vino
que ahogaba, a voces, al gendarme.
La muerte viene hoy, ejemplar, enérgica
en el desgarrón de este mi solo traje;
se le cayó un botón a la dulce camisa de mi amigo
y en él la muerte estaba, sudorosa,
con su cálculo máximo, matemática,
comiéndose al botón,
las coles, las manzanas de esta venta.
Y las pobres mujeres, los soldados,
la vieron tercamente pararse en las esquinas
y decirles: "No hay paso para ustedes",
enseñando su cuerpo de hojas secas,
sus huesos sin milagros, su alma seca.


© Antonio Fernández Spencer


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* LA BIOGRAFIA de estos poetas será agregada luego. También publicaremos poemas más representativos de estos y de otros poetas, viejos y jóvenes en las próximas ediciones.